Conversando con Fernando Sánchez Morote

"en Entrevistas/Investigación/Opinión"

Fernando Sánchez [Sevilla, 1992] es crítico e historiador del arte. Entre sus elementos de investigación encontramos la mitología, aunándola a conceptos contemporáneos que la reactualizan, los animal studies y el mercado del arte. En el cual se encuentra inscrito trabajando de manera activa.

_ ¿Cómo definirías el arte contemporáneo en una palabra?

Vida

_ ¿Podrías explicarte…?

Siempre he pensado que el arte te permite ver distintas partes de la vida, llegas a conocer facetas de ti mismo que ni siquiera sabías que existían. Siempre podemos teorizar sobre el arte, pero a la larga volvemos continuamente a lo mismo: el disfrute. Ese momento en que una obra te cautiva, te emociona, te hace llorar, pensar, reflexionar, plantearte cosas sobre tu modo de ser… Son esos momentos en los que teoría y precio salen de la ecuación y el arte se convierte en algo más; algo que realmente te toca, te llena. Es justamente esa sensación la que intento transmitir en mis escritos; unificando teoría y emociones puedes atraer a todavía más público e interesarles de forma activa sobre lo que no se encuentra en los libros.

_ ¿Qué libro has leído últimamente?

Me pilláis justo entre libros. El último que leí fue El tiburón de 12 millones de dólares, de John Thompson. Ahora más que nunca es necesario estar al tanto de la economía de mercado; no solo conocer a los agentes, sino cómo funciona y cómo introducirse en ese círculo. También estoy entre Sakura, de Matilde Asensi [una lectura realmente apasionante] y How to write about contemporary art de Gilda Williams [siempre buscando nuevas maneras de mejorar estilo y comunicar más eficientemente]. Como es obvio tengo una torre de libros al lado de mi cama mirándome con deseo, pero hay que ir racionado el trabajo [jajaja]

_¿Con qué personaje te gustaría tomarte un café?

Oscar Wilde sin ninguna duda. Ya de chico sus escritos me encantaban, pero desde que leí El crítico como artista me terminé de enamorar. Y cómo no caer bajo sus encantos con ese maravilloso prólogo de El retrato de Dorian Grey, imposible. Y no solo como referente de literatura, también imagino tendrá anécdotas bastante curiosas para contar.

_ ¿Quién decide qué es arte?

La gente piensa que es la academia. Los académicos piensan que es la gente. Pero seamos sinceros; es el mercado. ¿De verdad los grandes artistas que conocemos a día de hoy serían tan grandes si sus obras no hubieran cotizado tanto? El éxito de Pollock vino de mano de Peggy Gugenheim, lo mismo para los impresionistas y Paul Durand-Ruel o el caso más cercano de Damien Hirst y Charles Saatchi. Tristemente [y no tanto] los artistas necesitan patrocinios y mecenazgo para dar a conocer su trabajo. Esto viene de mano de quienes compran sus obras y los dan a conocer; puede haber creadores con un trabajo magnífico, pero si no son conocidos es bastante improbable que ganen lo suficiente para poder seguir generando obra. Lo bueno de todo esto es precisamente que cualquiera puede comprar obra. No estamos hablando de que de un día para otro enarbolemos la bandera del coleccionismo altruista, sino de hacer pequeñas compras para ir dando a conocer a artistas jóvenes y ayudar a los de media carrera. 

_ ¿Qué encargo te gustaría recibir?

Realmente hay demasiados encargos que me gustaría recibir. Y no solo a nivel de escritura, sino también grabar un documental, una serie de podcast sobre Historia del Arte, encargarme activamente de trabajar en una feria… la lista sigue y sigue. De todas maneras, lo que más ilusión me haría sería encargarme de varios artistas como marchante: moverles por diferentes galerías, buscar compradores para sus obras, exposiciones, llevarlos a todas partes del mundo… Sería un trabajo sacrificado, pero permitiría viajar, escribir y tener relaciones con todo tipo de personas tanto dentro como fuera del mundillo [además sería una excusa perfecta para aprender más idiomas aún]

_ Un comentario sobre tu trabajo que te haya gustado…

Cada vez que alguien no perteneciente a la esfera  de las artes visuales dice que le gustan mis escritos me da un subidón bastante importante. Eso demuestra que el trabajo no queda solo en casa: llega a la gente y esta se interesa por algo totalmente desconocido para ellos. Esos son los mejores comentarios. Sin embargo, el comentario que más disfruté, fue uno hecho por mi profesor de Ideas Estéticas cuando estaba en la carrera. Básicamente fue gracias a él por quien empecé a escribir y a percibir el arte fuera del estancamiento de los libros y universidades.

_ Un agente artístico que esté haciendo un buen trabajo actualmente…

El trabajo de Esther Fernández resulta bastante llamativo. Es una gestora cultural, asesora y dealer que trabaja con multitud de artistas y en multitud de ámbitos. Mueve mucho dentro del panorama artístico español, especialmente el andaluz, eliminando esas malditas barreras autoimpuestas al arte mediante las cuales pensamos en lo extranjero como algo de calidad superior. A nivel de crítica me apasionan los escritos de Juan Bosco Díaz-Urmeneta; un poco teórico a mi gusto, pero dice cosas extraordinariamente sensatas. Desde que le conocí, es un referente muy claro. Como artista os mencionaré a Ana Barriga. No solo por su obra, la cual es genial, sino por esa personalidad humilde, sin humos subidos de ningún tipo. Sabe que tiene una obra muy buena y la explota, pero puedes hablar con ella de tú a tú y siempre está dispuesta a echar una mano en cualquier tipo de proyecto medianamente interesante.

_ ¿De qué artista te gustaría tener una obra?

Pues mirad, hace poco adquirí mi primer María Mrn Trd y no puedo ser más feliz. De todas maneras siempre he sido muy caprichoso, y en cuanto al arte no voy a ser menos [jajaja]. Hay una obra de Ira Lombardía a la cual le tengo echado el ojo desde hace ya tiempo. También otra del colectivo belga Hell’O Collective: conocí su trabajo en Nobody’s here en la galería Delimbo de Sevilla y no he podido enamorarme más. Aunque mi sueño [el cual esperemos se cumpla] es tener un Antonio Saura. Ya me gustaba, pero desde una visita al Museo de Arte Abstracto Español de Cuenca he terminado de confirmar la necesidad de tener uno en mi casa el día de mañana.

_ ¿Qué piensas del sistema artístico español en la actualidad?

Lo veo bastante bueno. Obviamente no podemos comprarnos a grandes ciudades como Londres, París o Nueva York. Pretender comparar públicos también es una insensatez [tanto a nivel de compra como de interés en los círculos artísticos]. Sin embargo soy bastante optimista. Es cierto que el nicho de mercado en cuanto a empresas privadas se refiere [galerías, casas de subastas, etc.] es pequeño, pero tenemos grandes personalidades en el sector que se afanan en conseguir proyectar el arte español. Asimismo, parece haber un auge cada vez mayor de la cultura, algo también ligado a la compra de obra. Paso a paso parece verse un interés cada vez mayor en el arte. Un ejemplo claro vendría de mano de los ARCO Gallery Walks, que tienen bastantes espectadores.

_ ¿Podríamos decir que refleja la sociedad actual?

En gran parte. Hemos de tener en cuenta que el mundo artístico sigue siendo una burbuja bastante cerrada; entrar, hacerse un nombre y consolidarse es todavía complicado, pero es bastante amable con quienes vienen de fuera del sector. Hay un claro interés para que esto sea así, por supuesto. Pero centrándonos en el público, lo veo cada vez más preocupado por lo que le rodea. Parece una tontería, sin embargo las personas se interesan en política, ciudadanía, medio ambiente… y por cultura. He visto a personas muy jóvenes en galerías y museos, algo totalmente desconocido hace un par de años [en mi Sevilla natal, raro era quien, en Historia del Arte, era capaz de nombrarte más de dos galerías de la ciudad]. Poco a poco está dejando de convertirse en algo pasivo, y eso se refleja en las obras. Al ser parte de la sociedad, los artistas expresan lo que viven

_ ¿Se está confundiendo el arte con el mensaje?

En una sociedad en la que el activismo político puede ser visto como obra de arte, es inevitable que pase algo así. Sin embargo esto no debemos verlo como algo malo, ni tampoco bueno, sino como una sucesión de eventos en torno al mundo artístico. En cuanto al mensaje, muchas veces es tan poderoso que lo vemos trascender la obra artística; pareciese esta no es otra cosa más allá de un soporte para transmitir una idea. De todas maneras, el mayor inconveniente radica en la imposibilidad de hacer una crítica institucional continua, ya que tarde o temprano la institución se come cualquier tipo de crítica y la presenta como suya, como objeto artístico perteneciente a un panorama, o una corriente, en contra de la misma. ¿Se confunde arte con mensaje? Muchas veces sí, por eso el reto consiste en encontrar una línea de trabajo que plantee un equilibrio.

_ ¿Cómo ves la situación del mercado español de arte contemporáneo?

Ya os digo, es un nicho bastante pequeño y todo el mundo se afana por sobrevivir. Aun así, nos encontramos en una época bastante turbulenta: el Brexit, la nueva recesión económica que ya se está empezando a ver… Todas estas cosas afectan al mercado en tanto el primer dinero que ahorras es, justamente, el de gastos ‘superfluos’ [y en este país comprar arte no es una prioridad]. También hemos de relativizar: ¿es mejor vender cinco piezas a los mismos coleccionistas que compran siempre, o vender solo dos a ese coleccionista extranjero? Las galerías se van dando cuenta, cada vez más, de que el futuro de la venta recae sobre jóvenes coleccionistas, siendo estos el nuevo público objetivo a captar. Como visión global podemos ver el arte español como algo nada desagradable para bolsillos internacionales; tenemos agentes con gran visión de futuro encargados en promocionar artistas españoles, pero no deja de ser una labor de todos.

_ Una institución pública indispensable…, y un espacio privado…

Parece una obviedad, pero siempre que voy a Madrid intento ir al Museo Reina Sofía. Hay mucho que criticar, pero traen buenas piezas y exponen ideas bastante interesantes. La última vez que fui al Museo Picasso de Málaga fue para hacer una crítica a la exposición de Bruce Nauman, la cual se estaba exhibiendo en ese momento. Me sorprendió bastante para bien, y me planteé por qué no ir más veces a dicho museo. En cuanto a espacios privados, tengo mis lugares favoritos. La mayoría se encuentran en Sevilla al estar más a mano, como es el caso de la galería Delimbo [también con sede en Madrid]  o Un gato en bicicleta, una galería de arte que hace las veces de cafetería, librería y donde imparten clases de alfarería. También intento ir a la Casado Santapau cuando puedo escaparme. Desde su exposición de Théo Mercier la tengo muy en el punto de mira.

_ ¿Qué líneas de comisariado se están siguiendo actualmente?

Cada vez más parece haber una línea educativa común: las instituciones se esmeran en complacer al público. Y no hablo de las exposiciones blockbuster, sino de un programa didáctico con gran número de actividades y eventos culturales. Ya no se trata de “tan solo” ir a ver una exposición, sino entenderla y apreciarla hasta en los más mínimos detalles. Un ejemplo sería EducaThyssen, el departamento de educación del Thyssen-Bornemisza, cuyo trabajo se centra especialmente en crear ese enlace entre espectador y obra.

_ ¿Qué supone hoy la crítica?

Desde hace ya bastante [tal vez demasiado tiempo] la crítica se ha considerado algo accesorio. Es curioso, porque dependiendo de a quién preguntes te contestarán una cosa u otra. El pensamiento habitual es ver la crítica como algo necesario, pero frustra bastante el no saber a dónde llega. La cuestión es plantearse cuál debería ser la labor de la crítica a día de hoy ¿Hemos de educar al público?¿Teorizar sobre los nuevos cauces artísticos?¿Es lícito volver a convertir la crítica en obra?¿Debe el crítico acercarse más al periodismo? La figura del periodista cultural cobra cada vez más importancia. Sin embargo, y gracias al auge de las redes sociales, los profesionales estamos consiguiendo llegar cada vez a más gente. Ya no se trata de la [difícil] tarea de encontrar una revista o plataforma para publicar los escritos, ahora puedes crear tu propio perfil a modo de marca personal y hablar de lo que guste o resulte interesante. En este sentido, la crítica supone un paso adelante; consigue enganchar al espectador y se le brinda la posibilidad de estar actualizado de manera perenne, las inauguraciones pueden transmitirse casi en vivo mucho antes de escribir algo sobre estas, puedes compartir opiniones y siempre hay retroalimentación… La crítica supone a día de hoy una manera [una de tantas] de comunicar, pero su tarea no es solo esa, sino crear un espacio de interés: para profesionales –quienes acuden para ver qué está pasando- y para gente fuera de los círculos artísticos –quienes no tienen idea de cómo funciona-.

_ ¿Alguna buena noticia vinculada al arte?

A título personal espero que el Brexit nos reporte algún beneficio [jajaja]. Hemos de pensar en la migración de todos los coleccionistas, dealers, galerías… Hasta ahora, las noticias apuntan a París como nueva capital cultural; Sotheby’s, Christie’s y Phillips, entre otras muchas, tienen sede en la ciudad, y hay bastantes galeristas abriendo sede en la misma. Es un buen momento para intentar expandir el arte contemporáneo español más allá de las fronteras de la Península. Tenemos grandes artistas y deberíamos sacarles partido. También me han gustado bastante todos los comentarios escuchados sobre Estampa. Es una gran feria y parece que se va consolidando a pasos agigantados. Cada vez más galerías se presentan como participantes, y llevan arte puramente contemporáneo [no encontramos las galerías anticuario que sí van a ARCO], lo cual es un sorbo de aire fresco. Este año ha tenido bastante nivel, y se han visto cosas muy interesantes.

_ A una gran mayoría no le gusta el arte contemporáneo porque le resulta difícil de entender…

Y seguramente seguirá siendo así. Esto se debe en gran parte a un público totalmente desconectado de la esfera artística. Se tiende a creer que arte es solamente lo visto en los museos, cuando quienes nos dedicamos a la cultura, lo vemos como un entramado exhaustivo y complejo. Todo tipo de arte debe ser explicado. La mayor dificultad del arte contemporáneo radica en que no se entiende, pero en cuanto un profesional lo explica, resulta extremadamente atractivo. Para dejar de ser un elemento externo y que provoque rechazo, debemos acercar más su explicación, su entendimiento. También es muy cierta la necesidad de un público proactivo, gente interesada y con un pequeño margen cultural para facilitar precisamente su entendimiento.  

_ ¿Cuál es el papel del público en la actualidad?

Aquí deberíamos diferenciar entre lo que el público debe ser y lo que realmente es. En cuanto a su deber, todos desearíamos un público preocupado, lector, consciente del movimiento de las artes visuales, coleccionista y crítico. A la hora de la verdad, en la mayoría de casos no encontramos ninguno de dichos elementos. El público debería ser un agente cultural más; crear por el simple hecho de crear –sin nadie para disfrutarlo- es un esfuerzo vacío. Realmente, no sirve de nada tener una línea investigadora o artística brillante si nadie es capaz de personificarse o identificarse en tu trabajo. La buena noticia es que existen gran cantidad de agentes [desde críticos a guías, pasando por comisarios y mediadores] cuya principal función es generar un ambiente propicio para despertar al público y encaminarle a ser parte activa de la cultura. Eso enlaza con su verdadera esencia: puramente público. Si bien es cierto hay personas que preguntan, se informan e intentar emitir un juicio crítico –más o menos acertado- la gran mayoría no pasan de ser meros espectadores. Teniendo en cuenta una educación y una tradición figurativa en la que se nos habla –y obliga- a un arte bello, metafórico, con sentido y parábola, es bastante lógico el ver una respuesta negativa a la abstracción, el arte conceptual, la instalación, el videoarte, la performance, el happening y un largo etcétera. La mejor manera de cambiar al público y redireccionarlo a ese papel activo, es cogerle de la mano y ayudar: cuanto más ataquemos, menos querrán interesarse ya que el mayor problema del arte contemporáneo es entenderlo como algo elitista cuando no deja de ser algo bello a beneficio de todo el mundo.

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