Conversando con Francisco Baena Díaz

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Francisco Baena Díaz (Madrid, 1967). Director del Centro José Guerrero, se licenció en Bellas Artes (UGR), obtuvo el master de Estética y Teoría de las artes y se doctoró en Filosofía (UAM). Ha publicado un ensayo sobre lo fotográfico (Vendas para los ojos, 2007) y cuatro libros de narrativa: Olor a sangre en la nariz (2010), Luz corriente (2014), Eco oscuro (2016) y Avery Jones (2017). 

¿Cómo definirías el arte contemporáneo en una palabra?

Imposible.

¿Podrías explicarte…?

Las discusiones a propósito de la definición del Arte han generado publicaciones a lo largo de varios siglos ya como para llenar una biblioteca. No creo que sea justo reducir a una palabra toda esa… conversación. Ni siquiera a un eslógan. Habrá quien lo haga, pero yo no puedo. De todos modos, me parece una presentación muy adecuada del asunto la que hizo Félix de Azúa en la voz “Arte” de su Diccionario de las artes. Quizá no esté de más recordar el segundo párrafo: “El Arte es un concepto filosófico que se insinúa en el Renacimiento italiano, crece y se hace adulto durante la Revolución francesa y el imperio napoleónico, y absorbe todo cuanto quedaba de las artes en el periodo romántico y positivista. La […] fusión de las artes en un Arte único y superior se encuentra en el origen mismo de lo que llamamos Vanguardias”. Siguiendo ese argumento histórico, podemos decir que en la actualidad se entiende por arte contemporáneo el que, ya dentro del capitalismo cognitivo, se produce tras las rupturas o disrupciones políticas, sociales y (contra)culturales de los años sesenta.

¿Qué libro has leído últimamente?

Siempre tengo alguno entre manos. De lo último publicado que he leído destacaría, en narrativa, Kentukis de Schweblin, Sánchez de García Llovet, y Petit Paris de Navarro; en ensayo, Contar es escuchar de Le Guin y Volver la mirada de Azúa.

¿Con qué personaje te gustaría tomarte un café?

¿Personaje? Mmmmh, quizá Max Castle, al que conocí hace un par de años gracias a la labor de José Luis Amores en Pálido Fuego, editorial para la que tradujo Parpadeo.

¿Quién decide qué es arte?

Eso lo explicó muy bien Juan Antonio Ramírez en Ecosistema y explosión de las artes: se trata de una negociación colectiva entre los distintos agentes de la escena artística (e incluso de más allá de esta: del off y hasta del off off), cada uno de los cuales obedece a sus propios intereses.

¿Qué encargo te gustaría recibir?

Con los que tengo que ya tengo que atender me basta, la verdad.

Un comentario sobre tu trabajo que te haya gustado…

Uno de mis favoritos quedó consignado en la cariñosa dedicatoria que me firmó un importante autor tras tomar nota de mis indicaciones (cuando era lector de pruebas para una editorial): “Para Paco, que lo ve todo, como Dios, pero que lo corrige, no como Él”.

Un agente artístico que esté haciendo un buen trabajo actualmente…

Más que un nombre me gustaría destacar la labor que ha hecho todo un colectivo: el que confluye alrededor del fotolibro. Creo que todos (autores, diseñadores, comisarios, editores, impresores, etc.) han hecho un buen trabajo conjunto que ha merecido reconocimiento internacional y ha permitido a varios de ellos desarrollar su potencial en importantes carreras.

¿De qué artista te gustaría tener una obra?

De tantos… Para empezar, de Guerrero.

¿Qué piensas del sistema artístico español en la actualidad?

Creo que desde los 90 se ha ido profesionalizando mucho, lo cual en general es positivo, aunque en el proceso también ha ido perdiendo cosas. En todo caso, queda mucho por hacer. Especialmente en lo que se refiere a las relaciones con los públicos.

¿Podríamos decir que refleja la sociedad actual?

No lo tengo claro. En algunos aspectos sí, desde luego. No es que la refleje, es que forma parte de la sociedad. Pero en otros se diría que se desentiende de ella o la desdeña, a veces con displicencia y un censurable sentimiento de superioridad moral o estética; a veces con angustia por la incomprensión. Pero sí, es evidente el repliegue que a menudo protagoniza sobre sí mismo, limitando su influencia a cuanto ocurre en su propia esfera. Esto, paradójicamente, tampoco tiene porqué ser malo a la fuerza para el arte, pues puede llevar a situaciones en las que se producen obras magníficas.

¿Se está confundiendo el arte con el mensaje?

Me resulta demasiado vaga la pregunta. ¿Se? ¿Quién? ¿Con qué actuación? De todo hay en la viña del señor.

¿Cómo ves la situación del mercado español de arte contemporáneo?

No tengo un conocimiento muy profundo del mercado. Me da la impresión de que es escaso. Hay informes que denuncian su precariedad, el alto grado de dependencia de lo público y un cierto acomodo a esa realidad subvencionada. Me temo que no van desencaminados.

Una institución pública indispensable…, y un espacio privado…

Soy de los que piensan que el MNCARS está haciendo un buen trabajo. En cuanto a iniciativas privadas, se me vienen muchas y muy distintas a la cabeza: algunas de vocación institucional como Didac, Archivo Lafuente, Fotocolectania, Fundación Cerezales Antonino y Ciria o Bombas Gens, otras colectivas como Cosonni o ABM Confecciones, otras más humildes como Grabaciones de campo o El Granero

¿Qué líneas de comisariado se están siguiendo actualmente?

Pregunto como antes: ¿se?, ¿Quién? Hay distintas líneas. Depende de dónde mires encontrarás unas u otras. Puedes observar muchos proyectos de interés social, exploraciones de la imaginación política o todo tipo de revisionismos desde posiciones subalternas, pero también puedes ver claros formalismos. Aunque haya “modas” y oportunismos, como siempre, no creo que se haya impuesto claramente un paradigma dominante, o yo no lo veo, porque para cualquiera que me citen podríamos encontrar alternativas, sean o no sean mainstream.

¿Qué supone hoy la crítica?

La primera reacción sería hablar de ella en pasado. Uno diría que la esfera pública que en su día llegó a articular la crítica tanto desde los medios de comunicación generalistas como, sobre todo, desde los especializados, el espacio de debate y negociación del valor que tuvo vigencia alrededor de cabeceras de referencia, ha pasado a mejor vida. Pero, mirando más atentamente, conviene matizar esa queja nostálgica. Ciertamente, han cambiado los formatos y los soportes en los que se expresa la opinión, así como su distribución. Hoy en día lo que domina es el imperio de las RRSS, en las que prevalecen otras dinámicas. La comunicación es más horizontal y participativa, y eso puede ser bueno. Entre otras cosas, permite que se consolide un cambio de paradigma que ya venía apuntándose al pasar de la crítica a la escritura de arte, y que consiste en la prevalencia del principio de competencia (lectora) sobre el de autoridad. 

¿Alguna buena noticia vinculada al arte?

Está por ver el recorrido que tendrá, pero a mí me pareció buena noticia la aprobación por el Congreso del Estatuto del artista.

A una gran mayoría no le gusta el arte contemporáneo porque le resulta difícil de entender… ¿Cuál es el papel del público en la actualidad?

Me parece una buena pregunta, porque en efecto el público, o mejor los públicos, deben jugar un papel más activo de lo que se les suele conceder. Si aceptamos el presupuesto de la ininteligibilidad, una primera cosa que deberían hacer para poder participar en la escena artística sería adquirir la competencia lectora a la que me refería antes. Pero también podrían pedir al arte que se expresara mejor, ¿no? Los museos tenemos una gran responsabilidad ahí. Yo aún diría más: creo que deberíamos recuperar el impulso que los generó y tratar de ser más alentadores. El peso de las colecciones, el hecho de poner toda la atención en los tesoros que custodiamos, nos ha hecho olvidar que en su origen el museo fue el templo de las musas. Eso debería volver a ser fundamental: nuestra capacidad para inspirar. Sí, creo que deberíamos ser inspiradores. Y los públicos deberían demandárnoslo más claramente.

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