Conversando con Sema D’Acosta

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Entrevista a Sema D’Acosta


7 líneas sobre Sema D’Acosta

Licenciado en Periodismo e Historia del arte por la Universidad de Sevilla. Desde hace diez años trabaja como crítico de arte y comisario independiente. Es colaborador habitual de El Cultural y el portal Arte-Contexto, además de ser editor de la plataforma web de información y archivo Presente Continuo. Como comisario ha sido responsable de diferentes proyectos expositivos en los últimos años, muchos de ellos centrados en las derivas, diálogos y posibilidades de la imagen (fotográfica) en el siglo XXI. Ha publicado varios libros especializados sobre arte contemporáneo, los últimos Joan Fontcuberta. Imago, ergo Sum (2015) y Stand By_012. Guía de fotografía andaluza actual (2012).

Sema D'Acosta LATAMUDA_(enero_16)_web

_¿Cómo definirías el arte contemporáneo en una palabra?

Sensibilidad

_¿Podrías explicarte…?

Para saber acercarse a cualquier expresión actual, ya sea danza, música o artes visuales, se necesita sensibilidad, es la llave que abre la puerta, permite que una persona se comunique con otra a través de emociones que todos hemos experimentado (ternura, compasión, amor, dolor, alegría, pena, duelo…). Estos sentimientos compartidos que se despiertan por medio de la creación artística, inciden en aquellos rasgos que nos definen como seres reflexivos y emocionales.

_¿Quién decide qué es arte?

Uff, esta pregunta es con trampa y no tiene una respuesta fácil. Digamos que existen dos niveles: 1) el mercado del arte y su influencia, que cada vez es mayor. Y 2) la creación y su capacidad para hacer pensar y sentir al espectador. Estos dos territorios son circunscripciones independientes, e incluso antagónicas, que comparten espacios comunes. El primero tiende a la mercantilización y está gobernado por el dinero. Aquí cada vez tienen más influencia las ferias y las grandes galerías internacionales. El segundo es espontáneo y tiene que ver con el pensamiento y los sentimientos humanos, surge en lugares insospechados, aunque el sistema se encarga de absorberlo y convertirlo en mercancía. Ocurre en arte como en otros órdenes de la vida actual, estamos asistiendo a una peligrosa sinécdoque donde se nos hacer ver a los ciudadanos que una parte (el mercado) es el todo (expresión, creación). Este planteamiento reduccionista es peligroso, pero un síntoma más de nuestro mundo neoliberal donde la economía ha logrado triunfar. Listas y rankings como los que genera Artfatcs o Power 100 de Art Review , inciden en estas cuestiones. Resumiendo, para muchísimos españoles el arte contemporáneo es ARCO y parece que los artistas más interesantes y mejores son los que más venden…

_¿Qué encargo te gustaría recibir?

No lo sé realmente. A su escala, cualquier proyecto puede estar bien. Pero, pensado con calma… sí te admito que me gustaría en un futuro poder afrontar como comisario, por la pausa y opciones que permite, una bienal. Es decir: me gustaría ser responsable de un proyecto ambicioso planteado con tiempo y posibilidades.

_Un comentario sobre tu trabajo que te haya gustado…

Me han repetido varias veces que mis textos son claros e inteligibles y mis exposiciones resultan didácticas e intuitivas, que se nota que tengo en cuenta al destinatario, que soy profesor. Eso me satisface especialmente, porque muchas veces los críticos y comisarios se olvidan que el mensaje debe llegar a los lectores/espectadores, ése es su fin, trascender. Puede ser un mensaje radical, crítico e incluso molesto, pero el crítico-comisario es responsable de comunicar de forma atractiva, ordenada, seductora y convincente, ya sea un texto, una conferencia o una exposición. Didáctico no significa fácil ni simple, es justo lo contrario: hacer entendible y comprensible algo complejo para que sea descifrable, pensando en los demás. Sin alardes ni onanismos, sin rebuscamientos ni poses intelectuales. También, hace poco, un artista de mucha experiencia y recorrido internacional con el que he trabajado intensamente, me dijo que era un comisario profesional y de fiar, que eso era fundamental hoy día, poder confiar en las personas que deben dar sentido a tu obra .

_Un agente artístico que esté haciendo un buen trabajo actualmente…

Tampoco soy de subrayar nombres porque el tiempo se encargará de poner a cada uno en su sitio… Y prefiero los pequeños gestos durante mucho tiempo al brillo cegador de un instante… Todo depende desde el lugar que nos posicionemos: desde el punto de vista de la dirección de museos es encomiable la labor de Manuel Borja-Villel en el MNCARS, ha logrado colocar el centro a nivel internacional, o Juan Antonio Álvarez Reyes en el CAAC, que con un presupuesto exiguo hace de la necesidad virtud. También es muy de valorar la labor que Yolanda Romero realizó en el Centro José Guerrero de Granada, que supo situarlo en el panorama con personalidad y criterio… Pero prefiero reivindicar aquellos que trabajando desde el anonimato y el silencio, ayudan a sostener las endebles estructuras de nuestro andamiaje artístico en lugares realmente complejos como la periferia, a veces con muchas adversidades en contra. Por ejemplo, Tate Díez en el DA2 de Salamanca, Óscar Fernández en la sala Vimcorsa y Centro Pepe Espaliú de Córdoba, Jordi Pino y su equipo en Sant Andreu Contemporani en Barcelona, Lorena Benot en el ECCO de Cádiz, Martín Lejárraga en La Naval de Cartagena, Miguel Ángel Moreno Carretero en El Carpio (Córdoba) con las jornadas ‘Scarpia’…

_¿De qué artista te gustaría tener una obra?

No creas que soy especialmente fetichista, no me interesan los objetos, no me motiva especialmente la posesión de obras de arte. La mayoría de las piezas artísticas que tengo están asociadas a experiencias y proyectos personales como textos y exposiciones; para mí, son más importantes la vida y las personas que los objetos, por eso mi casa está llena de obras de amigos o artistas con los que tengo feeling. También he comprado obras de gente joven que me interesa, sobre todo para apoyarles y darles confianza. De todos modos, más que una obra, me gustaría haber mantenido una buena conversación por ejemplo con Walker Evans o compartir un viaje con Hamish Fulton. Me atraen más las personas y experiencias que los resultados que generan esas personas y/o experiencias.

_¿Qué piensas del sistema artístico español en la actualidad?

No existe un sistema del arte contemporáneo español, eso es una entelequia. Visto desde dentro, cada uno va a lo suyo o hace lo que puede, que no es poco. Existe escasa conectividad, poca complicidad entre estamentos y personas. Eso no significa que la gente se lleve mal, al contrario, todos nos llevamos estupendamente, pero no somos capaces de sumar para que la globalidad salga beneficiada. Y si hay problemas, se le echa la culpa a la administración. España es un país sin estructuras, sin proyectos a medio o largo plazo capaces de construir unas bases. Somos una nación cortoplacista, sin memoria, obsesionada con resolver lo inmediato, con salvar la papeleta. No hay convencimiento privado ni público para armar una estructura de verdad como ocurre en otros lugares. Evidentemente, el principal problema es la educación; sin una sociedad educada en el respeto y la valoración por el arte contemporáneo, nunca podremos establecer un sistema.

_¿Podríamos decir qué refleja la sociedad actual?

El mundo del arte, más que el sistema del arte, representa en poco a la sociedad actual, aunque sirve de reflejo para muchas cosas, no son dimensiones equiparables. Si hoy en día la referencia es la economía, verdadera seña de identidad de nuestro tiempo, sus motivaciones apuestan más por el espectáculo y el entretenimiento que por el pensamiento crítico y sosegado. Por desgracia un tipo de sociedad como la nuestra se identifica más con Jeff Koons que con Rogelio López Cuenca.

_¿Se está confundiendo el arte con el mensaje?

Es un modo de simplificar, estar pendiente sólo de la punta del iceberg. Es como valorar exclusivamente el resultado, antes que el camino recorrido. Esta máxima antepone el fin a los medios, una premisa reduccionista emanada del mundo hipertextual y visual en el que estamos inmersos, una deriva de conceptos capitalistas que premian el pragmatismo y el utilitarismo. El arte es mucho más complejo que un mero mensaje. A mí me interesan mucho los desarrollos, procesos, combustiones y estados previos de cualquier arte… Conocer los ingredientes y el modo de preparación, no sólo el plato ya cocinado.

_¿Cómo ves la situación del mercado español de arte contemporáneo y cuál es la posición del coleccionismo?

Es un mercado muy endeble construido al amparo y refugio del apoyo público e institucional. Hemos vivido tres etapas desde los años 80, con una secuencia clara: crecimiento, apoteosis y cataclismo. Después de la crisis se ha establecido un abismo donde sólo las galerías que han sabido adaptarse y reconvertirse han sobrevivido. Esperemos que aparezcan más coleccionistas, sobre todo de un poder adquisitivo medio, capaces de entender que el arte es un modo de disfrutar y acercarte a cuestiones de interés que nos enaltecen como personas. Necesitamos una clase media de coleccionistas cultos, sensibles, curiosos y educados, eso es lo que ha faltado en nuestro mercado, que pensó que el coleccionismo era sólo de alto nivel y grandes números: diputaciones, ayuntamientos, museos, bancos, cajas, fundaciones…

_Una institución pública indispensable…, y un espacio privado…

Sin duda como institución pública creo que un ejemplo es el trabajo que están desarrollando desde la Comunidad de Madrid en salas como el Canal de Isabel II o Alcalá 31. Mantiene una línea seria y de nivel apostando, especialmente, por la fotografía y autores internacionales. Tratan con el respeto y la profesionalidad que se merecen a los artistas y comisarios, creyendo en los proyectos con verdadero entusiasmo. Un espacio privado a tener en cuenta es La Naval en Cartagena, ese es mi favorito. Detrás de la galería más pequeña de España, apenas mide un metro cúbico, encontramos a Martín Lejárraga apoyado de cerca por gente como Ángel Mateo Charris. Martín es el coleccionista más entusiasta que conozco, alguien que de verdad cree en el arte y apoya a los artistas. Ojalá cundiera su ejemplo.

_¿Qué líneas de comisariado se están siguiendo actualmente?

No creo que existan líneas definidas, entendidas de ese modo, eso si acaso se podrá considerar de forma historiográfica a posteriori, dentro de unas décadas. Sí podemos encontrar tendencias que responden a pulsiones del entorno o intereses generacionales, a veces unos más acuciados que otras. Los comisarios de mi generación por ejemplo, estamos defendiendo conceptos que relativizan la importancia de los espacios expositivos aúricos y reivindican otros lugares más espontáneos, cuestionando también todo lo que significa la institución museo. Desde hace aproximadamente una década observamos una cierta predilección por la obra de arte como documento y archivo, un foco de interés sobre este tipo de trabajo quizás establecido por aspectos por los que siente predilección un director muy influyente como Borja-Villel. También el objeto y el cuadro-ventana han perdido peso a favor de la instalación: ocurre cada vez más a menudo que hay que ocupar el espacio y la sala funciona también como environment, lo que significa implicar al espectador de forma activa. En los años 90 se puso de moda el videoarte y la tecnología, son momentos, etapas.

_¿Qué supone hoy la crítica?

Cada vez tiene menos importancia, quedará como un reducto del pasado que irá disipándose al igual que los medios impresos, poco a poco. El crítico de arte es una figura de la modernidad que hoy se ha convertido en otra cosa, que no tiene sentido en el siglo XXI. Con la capacidad de publicación y difusión que permite Internet, han perdido su vigencia. Los mediadores válidos de nuestra era son los que dominan la capacidad de llegar a más público a través de la red, pongamos por caso un portal como e-Flux, puesto en marcha por artistas y gestores culturales, o un blog como el de Elena Vozmediano. El crítico se ha convertido en un opinador, en un generador de criterio, más que en un simple analista de exposiciones.

_¿Alguna buena noticia vinculada al arte?

La eclosión en 2015 de comisarios jóvenes o de mediana carrera en puestos de responsabilidad y repercusión. Martí Manen en la Bienal de Venecia y Manuel Segade al CA2M. Se están regenerando las instituciones y eso supone un positivo cambio de mentalidad y modos de hacer. El modelo cambiará en cinco años, estamos asistiendo a ese viraje.

_A una gran mayoría no le gusta el arte contemporáneo porque le resulta difícil de entender…

Eso es un tópico. Yo no entiendo el críquet pero es un deporte fascinante para muchos millones de personas. Es cuestión de actitud, predisposición y querer aprender. A partir de ahí, como todo en la vida, aquello que puede resultar difícil y requiere más esfuerzo es lo que nos genera mayores satisfacciones. Es una cuestión de sensibilidad y educación.

_¿Cuál es el papel del público en la actualidad?

Forma parte activa del ciclo expositivo, no es un observador neutro. Debe ser cada vez más tenido en cuenta en los museos o cualquier proyecto. El público ya no es estático ni pasivo, acapara protagonismo y participa.

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