Conversando con Ianko López

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Ianko López nació en Bilbao y ha vivido y trabajado en muchas ciudades, sobre todo fuera de España, pero a partir de cierto momento decidió quedarse en Madrid, de donde tiene intención de no moverse por ahora. Ha estudiado Administración de empresas e Historia del arte, y ha trabajado siempre en la gestión de organizaciones. También escribe sobre arte y cultura –y sobre eso tan amplio que la prensa llama lifestyle-, actividad que disfruta especialmente.
Foto: Eduardo Sourrouille

_ ¿Cómo definirías el arte contemporáneo en una palabra?

Utopía

_ ¿Podrías explicarte…?

Tiendo al barroquismo expresivo, soy muy poco sintético, y definir en una palabra algo tan complejo y connotado como el arte contemporáneo me resulta, lo reconozco, imposible. Como mucho podría describirlo. Pero no, vamos, ni eso.

_ ¿Quién decide qué es arte?

Se ha escrito tanto y tan pertinentemente sobre esto que todo lo que yo pueda aportar al respecto me parece muy banal. Pero en fin, supongo que existe un relativo consenso social sobre lo que es arte y lo que no. También creo que lo decide el artista con su intención: si él tiene la voluntad de que lo que hace sea arte, lo será. Otra cosa es que se trate de buen o mal arte, claro. Ambas ideas son algo contradictorias, lo asumo (no sin pesar).

_ ¿Qué encargo te gustaría recibir?

Uno fácil, ya que no soy amigo de grandes retos y tareas que exceden mis limitadas capacidades, y además me obsesiona cumplir todos los encargos que me encomiendan. Por otra parte pienso que me gustaría escribir un libro utilizando esas limitadas capacidades, así que espero que llegue ese encargo para ponerme manos a la obra. ¡Un libro de encargo, ojalá pronto!

_ Un comentario sobre tu trabajo que te haya gustado…

Aunque pueda parecer lo contrario, soy extremadamente pudoroso para casi todo, en especial para los halagos. Pero agradezco todos y cada uno de ellos, y además en el fondo los necesito, porque el pudor no está en absoluto reñido con el ego.

_ Un agente artístico que esté haciendo un buen trabajo actualmente…

Siempre he defendido mucho el papel de las galerías de arte. Así que las buenas galerías. Una buena galería realiza una labor muy compleja y delicada que va mucho más allá de vender la obra de sus artistas como quien vende castañas en un puesto, es un dinamizador de la escena artística y además posee una clara función social. Como persona que escribe sobre arte –aparte de como comprador digamos ocasional-, la galería, cuando la hay, es siempre la primera fuente a la que acudo.

_ ¿De qué artista te gustaría tener una obra?

Si empiezo a citar nombres no paro. Pero como no podemos permitirnos eso ahora, solo mencionaré a Sergio Prego.

_ ¿Qué piensas del sistema artístico español en la actualidad?

Encuentro que existe en él cierta endogamia, lo que en realidad tiene toda la lógica del mundo, puesto que no se da en nuestro país un interés digamos mayoritario por el arte contemporáneo. Se trata finalmente del juguete de un grupo muy reducido de niños. Por fortuna, esos niños abordan el juego con gran entusiasmo y a veces con notable creatividad.

_ ¿Podríamos decir que refleja la sociedad actual?

Todo fenómeno es reflejo de la sociedad en que se inscribe, y no creo que el sistema artístico sea una excepción.

_ ¿Se está confundiendo el arte con el mensaje?

No tengo muy claro el sentido de esta pregunta, que por otra parte encuentro preciosa (quizá justamente por eso). En todo caso, siempre he creído que no puede existir arte sin mensaje, del mismo modo que no puede existir expiación sin pecado. A veces el artista emite mensajes incluso a su pesar, y esos suelen ser los más interesantes. Las instituciones, los comisarios y el resto de implicados también lo hacen. Si de lo que hablamos es de que existe en la actualidad un excesivo protagonismo del elemento conceptual, o una artificiosa intelectualización del arte, entramos en un terreno apasionante sobre el que sin embargo no tengo una postura clara. Lo que sí creo es que es ilusorio pretender que el arte pueda carecer de elementos estrictamente formales, pero de nuevo la forma también es parte del mensaje.

_ ¿Cómo ves la situación del mercado español de arte contemporáneo y cuál es la posición del coleccionismo?

Para emitir un diagnóstico de la situación del mercado hay voces más autorizadas que la mía. Por mi experiencia y observación, el mercado español es más bien raquítico en los segmentos medio y bajo (me refiero estrictamente a poder adquisitivo), lo que enlaza con la idea que exponía anteriormente del desinterés social por la cuestión. Jamás defenderé la idea de que el arte deba reducirse a un objeto aspiracional o un símbolo de estatus, pero si debe haber alguno preferiría que fuera una obra de arte antes que un coche. En España, con honrosas excepciones, ocurre al revés. Y eso duele un poco.

_ Una institución pública indispensable…, y un espacio privado…

Entiendo que hablamos de nuestro país. No sé si hay nada imprescindible pero, si debo elegir una de cada, a la primera pregunta respondería que el Reina Sofía y el CA2M de Móstoles, y a la segunda así, de manera genérica, que las galerías. Esto es un poco hacer trampa, ¿no?

_ ¿Qué líneas de comisariado se están siguiendo actualmente?

Como dijo uno en una famosa película, yo he visto cosas que vosotros no creeríais. En fin, esta es una forma de señalar una tendencia que espero que vaya mitigándose, y es que aparentemente cualquiera se siente legitimado para asumir el papel de comisario, y visto lo visto así nos va. Dejando aparte este momento de denuncia social gratuita, detecto cierta tendencia al esoterismo que no me desagrada del todo.

_ ¿Qué supone hoy la crítica?

Si hablamos de la crítica de arte especializada, por desgracia posee un papel reducidísimo, aparte de que a menudo ni está ni se la espera. La dictadura de la crítica tampoco es una buena cosa pero, francamente, esto me parece aún peor.

_ ¿Alguna buena noticia vinculada al arte?

Para mi pasmo, recientemente he leído que el Reina Sofía es el sitio turístico más visitado de Madrid. No se me escapa que mucha gente entra allí con la única intención de pasearse (todos hemos visto a esos visitantes zombis en los museos, que por su expresión no sabes muy bien qué han ido a buscar allí exactamente), o de decir que ha visto el Guernica pero, de nuevo, me parece estupendo que el Reina figure todavía por encima del parque Warner en las estadísticas.

_ A una gran mayoría no le gusta el arte contemporáneo porque le resulta difícil de entender…

Quizá el problema ahí sea la obsesión por “entender”. Nadie pretende “entender” una pintura de Caravaggio o de Giorgione, cuando en realidad están plagadas de intrincados elementos iconográficos y conceptuales, y como toda obra de arte son susceptibles de contextualización en el tiempo y el lugar en que fueron creadas. En el momento actual, diría yo, la gente de un ámbito más o menos educado tampoco tiene problemas para disfrutar de una obra de Picasso o, no sé, de Josef Albers, y no se plantea que deba entender nada en ellas. Pero cuando llegamos al arte contemporáneo, la cosa cambia. Hay cierto decalaje temporal en esto, como si tuviéramos un pequeño retardo. Veamos, no digo que no haya nada que entender en el arte, al contrario, menuda sandez sería eso. Lo que digo es que toda obra puede ser disfrutada en mayor o menor medida sin que esto pase de manera necesaria por un proceso intelectual consciente.

_ ¿Cuál es el papel del público en la actualidad?

El público, pienso yo, es quien en última instancia legitima la obra de arte con su mirada y su participación. El público es lo que cuenta en todo esto.

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