Conversando con Javier Castro

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Entrevista a Javier Castro


Tres líneas sobre Javier Castro

En los últimos veinticinco años he hecho de todo en el campo de la cultura: desde trabajar de gestor cultural en pequeños pueblos en los que mi tarea era organizar la fiesta del cerdo engrasado a dirigir ferias de arte contemporáneo. Fui galerista diez años y ahora soy editor y dirijo la Fundación Newcastle con la ayuda de mi gata Misha.

Javier Castro

L. ¿Cómo definirías el arte contemporáneo en una palabra?

J.C. Tiempo

L. ¿Podrías explicarte…?

J.C. Creo que el arte es una manera de intentar detener el tiempo pero no siguiendo técnicas de congelación o momificación sino haciendo que la condición frágil y efímera del tiempo esté aún más presente. Se trata de conseguir ese instante fugaz que por su propia intensidad está fuera de los relojes y de lo que se tacha cada día en los calendarios. Tal vez tenga que ver con esa expresión española que tanto sorprendió a Peter Handke en uno de sus viajes por Andalucía: “dar tiempo al tiempo”.

L. ¿Quién decide qué es arte?

J.C. Hace ya más de treinta años que Dickie escribió su libro “El círculo del arte” y más de cincuenta de algunos textos de Arthur Danto en los que también se hacía esta pregunta. Leí a ambos con pasión hace mucho, cuando me parecía importante saber qué era y qué no era arte. Ahora me parece una pregunta sin respuesta y no me causa ningún problema reconocer que algo sea arte y a la vez malísimo y detestable. Si algo que ahora consideramos arte y que nos maravilla quedará en la historia del arte o irá al basurero del olvido es algo que sólo el tiempo dirá. Por eso a los actores “institucionales” clásicos que cita Dickie -productores, directores de museos, marchands, periodistas y críticos, historiadores, teóricos y filósofos del arte- yo añadiría el paso de los años como una especie de filtro decantador o de batea para cribar el oro.

L. ¿Qué encargo te gustaría recibir?

J.C. Poder mostrar la colección de la Fundación Newcastle en un espacio enorme que permitiera que las pequeñísimas obras parecieran puntos de intensidad, un poco como las estrellas que brillan en la oscuridad de la noche. Me imagino piezas de 10 x 10 cm en paredes de diez metros.

L. Un comentario sobre tu trabajo que te haya gustado…

J.C.Qué gran exposición” (la obra más grande medía 17 cm de alto)

L. Un agente artístico que esté haciendo un buen trabajo actualmente…

J.C. Twin Gallery.

L. ¿De qué artista te gustaría tener una obra?

J.C. Luis Úrculo.

L. ¿Qué piensas del sistema artístico español en la actualidad?

J.C. Tengo la sensación de que es un sistema muy frágil. Que hay grandes dificultades económicas para galerías, artistas, instituciones etc… Y a la vez hay algo precioso, y es que aunque tendríamos todos los motivos del mundo para ser pesimistas, sin embargo hay ganas de hacer cosas y gente con entusiasmo y proyectos interesantes que no se desaniman y trabajan para sacarlos adelante.

L. ¿Podríamos decir que refleja la sociedad actual?

J.C. Tal vez sí… pero creo que es un espejo deformante –un poco a la manera del de la bruja de Blancanieves- y refleja solo la mejor cara.

L. ¿Se está confundiendo el arte con el mensaje?

J.C. El arte con mensaje es una redundancia y una pesadez. Es como comer migas y acompañarlo con pan.

L. ¿Cómo ves la situación del mercado español de arte contemporáneo y cuál es la posición del coleccionismo?

J.C. El mercado en nuestro país es muy pequeño. No exageraré y diré que para verlo haya que usar un microscopio, pero desde luego una lupa sí hay que usar. Respecto a la posición del coleccionista es normalmente la de alguien que quiere ordenar el mundo, que desea que las cosas bonitas no se acaben y se pierdan… que piensa además que en lo que hacemos se queda una parte de lo que somos, y por tanto estar rodeado de obras es estarlo de quienes las soñaron y las hicieron.

L. Una institución pública indispensable…, y un espacio privado…

J.C. El Museo del Prado (me parece indispensable que los cuadros de Velázquez, Patinir, El Bosco etc no se mojen si llueve) y La Naval en Cartagena como ejemplo de iniciativa pequeña pero del máximo interés.

L. ¿Qué líneas de comisariado se están siguiendo actualmente?

J.C. Muchas. Me interesan todas excepto las que ponen mesas con libros en plan solemne para que la gente estudie allí como si fuera a hacer oposiciones a notario. Hacen que la exposición me recuerde el terrible aburrimiento que pasé en el instituto y la carrera. Tampoco me interesan aquellas en las que hay alfombras y folios pegados a la pared y en las que se habla de procesualidad, workshop o laboratorio y está todo como casa de ocupas a medio amueblar ni aquellas expos en las que el discurso curatorial – normalmente un texto mal escrito y farragoso- es más importante que el trabajo de los artistas.

L. ¿Qué supone hoy la crítica?

J.C. Me parece que el reciente libro de Peio Aguirre “La línea de producción de la crítica” editado por Consonni da muy buenas respuestas a esta y otras preguntas. Señalando esto evito contestar con una simpleza y de paso recomiendo el libro de unas fantásticas editoras.

L. ¿Alguna buena noticia vinculada al arte?

J.C. Hay muy buenos artistas.

L. A una gran mayoría no le gusta el arte contemporáneo porque le resulta difícil de entender… ¿Cuál es el papel del público en la actualidad?

J.C. La vida –así en general- es difícil de entender y es una maravilla. Y, si no se sabe chino leer a Li-Po en su lengua original va a ser complicado y posiblemente no entendamos ni jota. Tal vez haya que moverse entre estas dos afirmaciones y aceptar que hay cosas –tal vez el arte contemporáneo esté entre ellas- que no son totalmente reducibles a una explicación, pero dicho esto también creo que si uno quiere leer poesía china en chino tiene que esforzarse y estudiar el idioma. Respecto al público recuerdo que en una comida con Juan Muñoz yo le estaba contando entusiasmado que todo el mundo –o al menos todo el mundo que yo conocía- era super fan de su trabajo y que había muchísima gente en una exposición suya que había visitado. De repente él me dijo que no trabajaba para todo el mundo ni para el público, que sus piezas y exposiciones estaban pensadas para una persona, para un único espectador. Y tal vez el arte contemporáneo -a diferencia del arte románico por ejemplo- no busque crear comunidad o público sino esos encuentros en voz baja, esos diálogos un poco de enamorados. Y es por este carácter por lo que me da la sensación de que a los que nos gusta el arte contemporáneo no nos gusta todo el arte contemporáneo (muchas cosas nos parecen banalidades o chistes malos) sino aquel que nos habla al oído y así nos muestra nuestra soledad e individualidad pero también la posibilidad del encuentro, de las voces amigas.

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