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Conversando con Javier Díaz-Guardiola

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Entrevista a Javier Díaz-Guardiola


7 líneas sobre Javier Díaz-Guardiola

Javier Díaz-Guardiola (Madrid, 1976) es licenciado en Periodismo por la Universidad Complutense de Madrid. Se inició profesionalmente en la Agencia EFE y el diario ABC, así como en diferentes gabinetes de prensa. Colaborador de publicaciones como “Turia”. Coautor del libro “Madrid Creativa. Diccionario de 200 artistas imprescindibles que trabajan en la Comunidad de Madrid” (CAM, 2007), así como autor de numerosos textos para catálogos. Ha sido comisario de “Circuitos’08”, el programa de promoción de arte joven de la Comunidad de Madrid, “En proceso: disculpen las molestias” (Galería Raquel Ponce, 2010), “Matar al mensajero. Jóvenes artistas y medios de comunicación de masas” (Galería Fernando Pradilla, 2013), “Yoknapatawpha”, de Blanca Gracia, en Espacio Sin Título (2014-2015); el estand de ABC en ARCO’16; la colectiva “Sólo es sexo” (Fernando Pradilla, 2016) y “Los piscolabis del Cuarto” (El Cuarto de Invitados, Madrid, 2016). En la actualidad coordina las secciones de arte, arquitectura y diseño de ABC Cultural y ABC de ARCO, la revista oficial de la feria de arte contemporáneo de Madrid. Es autor del blog de arte contemporáneo “Siete de un golpe”.

Javier Díaz-Guardiola
Javier Díaz-Guardiola

L_ ¿Cómo definirías el arte contemporáneo en una palabra?

JDG_ Comunicación

L_ ¿Podrías explicarte…?

JDG_ Soy periodista, de forma que termino reduciéndolo todo a procesos comunicativos. Y el arte,como cualquier texto o noticia que yo pueda escribir, lo son. Existe un emisor (el artista), con un mensaje (la obra) y unos medios (la galería, el museo, la calle…) que pretenden llegar a un receptor (el espectador). Por eso solo depende del artista que su mensaje llegue correctamente a su destinatario, empleando para ello los medios que considere oportunos. No es que el arte no se entienda. Es que el artista decide ponerlo más difícil o con un lenguaje que no comparte con el receptor.

L_ ¿Quién decide qué es arte?

JDG_ Supongo que la crítica, por un lado, y el mercado, por otro, deciden lo que es arte. En ocasiones incluso coinciden en sus apreciaciones. Ahora bien: la buena noticia es que si bien decidir qué es arte depende de terceros, decidir si uno es artista o no sólo depende de uno mismo. Otra cosa es que lo que haga este supuesto artista sea bueno o malo, novedoso o interesante para los demás.

L_ ¿Qué encargo te gustaría recibir?

JDG_ No soy ambicioso y sí fácil de ilusionar. Pero estoy seguro de que sería en el ámbito de la comunicación, no del arte.

L_ Un comentario sobre tu trabajo que te haya gustado…

JDG_ No recuerdo ninguno en particular. Me hace ilusión que me tengan en cuenta. Y que se valore lo que hago, no que se me valore a mí. En ese sentido, estoy muy contento con los resultados de la sección “Darán que Hablar” que puse en marcha hace un par de años para dar voz a jóvenes artistas. A mí me ha abierto muchas puertas, se identifica ya conmigo y ha generado su propia marca.

L_ Un agente artístico que esté haciendo un buen trabajo actualmente…

JDG_ Hay muchos. El problema es que este es un país de individualidades y buenas voluntades, no de sistemas y engranajes en el que no importe la persona que esté al mando. El problema pues, cuando se retira esa persona, es que el proyecto se cae como un castillo de naipes. Reconozcamos, pues, la labor que está haciendo Manuel Borja-Villel al frente del Museo Reina Sofía, institución nada fácil. O la que lleva a cabo Rafael Doctor Roncero, que convierte en ilusión (y oro) todo lo que toca: desde la promoción del arte joven con sus Encontros, hasta su proyecto editorial “Los doscientos”. Y son bienvenidos proyectos frescos como Salón, El Cuarto de Invitados, Green Parrot, y otros espacios autogestionados que asumen las formas de hacer del arte desde lo colectivo. En ese sentido, también alabo las formas de hacer de Tania Pardo, Javier Duero, Óscar Alonso Molina, Noemí Méndez, cada uno en su ámbito. Son bocanadas de aire fresco. Artistas no nombro porque todos merecen mis respetos. No cabe el nombre de todos y cada uno de ellos en esta entrevista.

L_ ¿De qué artista te gustaría tener una obra?

JDG_ Pues de un montón de gente, y no necesariamente consagrada. Lo bueno de eso es que hay metas que conseguiré antes o después. Ahí están pendientes Antonio Fernández Alvira, Pierre Gonnord, Erwin Olaf… Creo que estoy cogiendo carrerilla.

L_ ¿Qué piensas del sistema artístico español en la actualidad?

JDG_ Que es débil. Y que aún le falta muchísimo para estar a niveles o estándares internacionales. El problema no es la calidad de nuestros artistas. Tampoco el de nuestros gestores. Hay gente de primerísimo nivel, y lo han demostrado dentro y fuera. El problema es la distancia que existe aún entre el mundo del arte y el público, su papel insignificante en los sistemas educativos, la excesiva dependencia del dinero público (¡hasta la feria por antonomasia en España necesita de estas ayudas!), la injerencia política (resultado de lo anterior), las malas prácticas… Vamos que, aunque intentemos ser positivos, no sé cómo no se nos ha caído aún el chiringuito.

L_ ¿Podríamos decir que refleja la sociedad actual?

JDG_ En absoluto. Y se genera una gran paradoja: posiblemente no hay una época en la historia del arte en nuestro país en la que los artistas se afanen por hablar más de los problemas de la sociedad, o que de alguna forma u otra los reflejen. Y, sin embargo, la sociedad está a años luz de asumir el arte actual como algo propio, cercano. Queda mucho camino por recorrer a este respecto. Lo que ocurre es que con el mundo del arte en España pasa como en Facebook: todo el mundo está muy concienciado sobre lo suyo y el del al lado porque está en su misma situación. Pero el mundo real es otra cosa. Y de lo que habla el mundo real y lo que le preocupa al mundo real, son otras cosas…

L_ ¿Se está confundiendo el arte con el mensaje?

JDG_ No sé si entiendo bien la pregunta, pero he de decir que me aburre soporíferamente ese arte en el que el arte es el mensaje. O ese otro arte en el que se intenta imponer el mensaje, sin posibilidades de que yo, como espectador, saque mis propias conclusiones.

L_ ¿Cómo ves la situación del mercado español de arte contemporáneo y cuál es la posición del coleccionismo?

JDG_ Interesante pregunta. El mercado es pequeño, pero no inexistente. En España hay mucho dinero, grandes fortunas (no tenemos más que repasar todos esos estudios que se han hecho sobre cómo ha crecido el número de millonarios en nuestro país con la crisis y cómo se ha disparado el mercado del lujo). Ahora bien, el problema es que el arte no está entre las prioridades de esta gente. Ni entre la de esta gente, ni la de gente con menos recursos y que podrían acceder al consumo de otro tipo de arte menos pomposo o especulativo. Posiblemente por eso, entre nosotros, hablamos de los coleccionistas como si fueran nuevos mesías. Hay gente anónima comprando cosas, haciendo colecciones decentes y no se les da tanto bombo.

Y reconozco que buena parte de la culpa la tenemos los medios, que convertimos en mediáticos a quien no lo son. Por eso también me preocupa el papel que se le está otorgando a determinados coleccionistas desde diferentes instituciones o proyectos. El coleccionista se está convirtiendo, directa o indirectamente, en el nuevo comisario y eso es muy peligroso, porque a cada uno de ellos, a título individual, le mueve unos intereses (económicos en algunos casos). Se puede confundir pues el interés general (a quien van destinadas exposiciones o legados que se asumen con gran alegría por parte de determinados museos) con los intereses particulares.

L_ Una institución pública indispensable… y un espacio privado…

JDG_ Pues, para mí, una institución pública indispensable es el Museo del Prado. Si no empezamos a conocer por la base, difícilmente entenderemos todo lo que viene después. Y aplaudo su cada vez mayor apertura a los lenguajes contemporáneos. El diálogo que tiene ahora entre una exposición inigualable de El Bosco con el proyecto paralelo de Álvaro Perdices me parece no solo deseable sino incluso exigible. Como institución privada, Casa Sostoa, en Málaga. Un ejemplo de que con poquito se puede hacer mucho. Un proyecto este, además, que va creciendo poquito a poco. No doy nombres internacionales. Eso ya lo dejo para los snobs y para los internacionales que nunca se acordarán de las cosas que hacemos aquí.

L_ ¿Qué líneas de comisariado se están siguiendo actualmente?

JDG_ De todo tipo, color y condición. Eso es lo bueno: que hay donde elegir. Pero se impone peligrosamente lo del “artista comisario” y, mucho peor, “el coleccionista comisario”. Ya sólo nos falta el “comisario de comisarios” (que también los hay: lo llaman “trabajo curatorial delegado”).

L_ ¿Qué supone hoy la crítica?

JDG_ Bastante poco. Primero porque la gente no lee. Segundo, porque nos creemos “que eso también lo puede hacer mi hijo”. Tercero, porque todos llevamos a un taxista o un portero en el interior. Facebook y Twitter son buenos reflejos de todo eso. Nos creemos más listos que nadie, y con una opinión personal a prueba de bombas. La crítica hace lo que puede…

L_ ¿Alguna buena noticia vinculada al arte?

JDG_ Que no haya malas noticias ya a es una buena noticia. Y, en agosto, casi es mejor que no haya “buenas noticias”.

L_ A una gran mayoría no le gusta el arte contemporáneo porque le resulta difícil de entender…

JDG_ A esa gente les suelo decir que el arte, como el alemán, es un sistema con su gramática. Y que no se desanimen, ni desesperen. Que hay millones de niños de cuatro años que lo hablan estupendamente y no seré yo el que crea que son más tontos que todos esos menores. Cualquier cuestión en la que queramos profundizar o de la que queramos participar exige de un pequeño o gran esfuerzo. Lo que ocurre es que para criticar un libro hay que leerlo entero y para hacerlo con una exposición parece que basta con entrar y salir en una habitación. A lo que se suma que, en nuestra sociedad, alardear de la ignorancia está bien visto. Yo cuando oigo decir a alguien que su hijo es capaz de hacer tal o cual cosa (refiriéndose al trabajo de un artista) me lo imagino diciendo lo mismo sobre el trabajo de un cirujano o un matemático. Lo que tiene que hacer en ese caso, y siempre que sea verdad, es comisariarle una exposición.

L_ ¿Cuál es el papel del público en la actualidad?

JDG_ El mismo de siempre. Reconocer el trabajo del artista. Completar el ejercicio de visibilidad que comienza en la exposición de la obra de un autor. Sin embargo no se trata tanto de plantearse que puede hacer el público por el artista, sino que hace el artista por el público o públicos.

Comentarios

2 Comments

  1. Me ha gustado mucho la entrevista a Javier Díaz Guardiola .
    Ha sido muy sincero en cuestiones que parece que no hay que abordar y siempre están ahí , pendientes de que alguien diga toda la verdad acerca de ellas .

  2. No entiendo el problema que tienen con el mensaje. ¿ Acaso en la literatura no hay mensaje? ¿Deja de ser por ello arte? Puede ser que te interesen durante una época obras con una deriva especulativa ociosa, pero descriminar trabajos xq tengan una dirección de contenido directa me parece un poco de mente cerrada. También me preocupa que alguien con estudios de periodismo se dedique a comisariar exposiciones y a la crítica, sin tener la humildad de aprender la diversidad del sector. Javier diaz guardiola es un sintonma de lo mal que esta el arte en este país, un crítico sin contenido y un comisario del famoseo de facebook.

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