Conversando con Sonia Fernández Pan

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Entrevista a Sonia Fernández Pan


Tres líneas sobre Sonia Fernández Pan

Una de las cosas que más me fascina del arte es su efectividad a la hora de pensar con otros. Esto es algo que aparece en esnorquel, pero que también está en muchos otros lugares, como en la práctica comisarial o en la convivencia diaria dentro de un espacio de trabajo compartido.

Sonia Fernández Pan

L_ ¿Cómo definirías el arte contemporáneo en una palabra?

SFP_ No sé si puedo definir en una palabra algo que se compone de dos palabras.

L_ ¿Podrías explicarte…?

SFP_ Esta pregunta es una pregunta con trampa y que siempre se le hace al arte a través de aquellos que trabajamos en el contexto artístico. Las definiciones suelen servir para delimitar unas propiedades, también un sentido unívoco. Este significado único es algo a lo que el arte ofrece resistencia y que, por tanto, funciona en contra de él. Además, cuando pensamos en definiciones de una palabra, esto suele derivar en el uso de un adjetivo. Y creo que una definición tampoco puede concentrarse en un sólo adjetivo. ¿Tendría sentido pedirle a un físico que defina la teoría cuántica en una palabra? ¿O definir el fútbol en una palabra?

L_ ¿Quién decide qué es arte?

SFP_ Aquí coincido con la tautología habitual de que “el arte decide lo que es arte“. Y por arte aquí no entiendo solamente artistas y obras, sino todos aquellos que formamos parte del contexto, incluidos los procesos de legitimación, las exposiciones, las teorías, la memoria, etc. Pero esto también hace pensar erróneamente que quienes trabajamos en arte decidimos a la manera de un juez qué entra y qué no entra, cuando sucede lo contrario: que trabajamos con aquello que ya está establecido como arte. La intención artística de lo que hacemos es inseparable a su surgimiento o desarrollo en el contexto del arte.

L_ ¿Qué encargo te gustaría recibir?

SFP_ Más que un tema o un lugar concretos, me gustaría poder trabajar en un proyecto con buenas condiciones económicas, temporales y afectivas para todos aquellos que estuviésemos implicados en él.

L_ Un comentario sobre tu trabajo que te haya gustado…

SFP_ Sobre esnorquel alguien me dijo algo así como que era un servicio a la comunidad artística y me hizo francamente feliz.

L_ Un agente artístico que esté haciendo un buen trabajo actualmente…

SFP_ Hay personas e instituciones (formadas por personas) cuyo trabajo me gusta mucho, pero elegir un nombre de entre tantos es participar en las formas de meritocracia individual habituales de nuestro presente. Tampoco sé que es hacer un buen trabajo, que no sé si tiene tanto que ver con hacer muchos proyectos, ser muy visible y ser mencionado por otros.

L_ ¿De qué artista te gustaría tener una obra?

SFP_ La verdad es que deseo más la puesta en circulación de las obras que la pertenencia sobre ellas. De todas maneras han aparecido en mi vida algunas obras que yo no veo tanto como obras sino como objetos personales que condensan situaciones o momentos personales.

L_ ¿Qué piensas del sistema artístico español en la actualidad?

SFP_ Yo trabajo principalmente en el contexto barcelonés y no sé si desde aquí puedo generalizar sobre esa abstracción que es para mí el “sistema artístico español“, que toma la forma de entidad mitológica cuando hablamos de él. Conozco los clichés, los rumores sobre el presente y el pasado y las comparaciones con otros lugares que conozco como visitante intermitente. Si he de generalizar, pienso que no es tanto un sistema como un archipiélago.

L_ ¿Podríamos decir que refleja la sociedad actual?

SFP_ La función del arte como espejo es algo en lo que no creo porque supone que hay una realidad que el arte no toca aunque se dirija a ella. El arte es otro aspecto más de lo que entendemos como sociedad. Como espacio de trabajo, produce y reproduce formas de inseguridad, inestabilidad, individualidad y precariedad. Y esto no es un reflejo, es una experiencia diaria que afecta nuestras vidas. Si te refieres al contenido del arte entendido como obras y proyectos, todo aquello que está en el arte está también en muchas otras partes. Y nadie cuestiona que estas partes no estén insertadas en la sociedad y tengan su razón de ser.

L_ ¿Se está confundiendo el arte con el mensaje?

SFP_ Muchos entienden el arte como forma de comunicación. Yo creo que la forma es también comunicación y que no tiene sentido establecer una separación dialéctica, por opuestos. Decir algo, también en situaciones personales, incluye también cómo decirlo. Lo que si percibo es que hay un sistema de valores que prioriza en muchas ocasiones el contenido, seguramente porque se manifiesta en forma de relato verbal y una historia contada parece más sencilla de entender que el volumen en el espacio, por ejemplo. Esto se traduce en obras que son interesantes por las historias a las que se refieren y no por cómo están hechas. Como también se traduce en la obligación de un referente narrativo para explicar cosas que prescinden de la palabra.

L_ ¿Cómo ves la situación del mercado español de arte contemporáneo y cuál es la posición del coleccionismo?

SFP_ Desconozco bastante el mercado del arte en general. Quizás mi propio desconocimiento podría indicar cierta ausencia del mismo. Que muchos comisarios no nos relacionemos con él, ni conozcamos coleccionistas privados -nos interese o no- podría ser un síntoma de ello. Recuerdo algo que oí decir a un galerista una vez y esto es que en el territorio español no hay coleccionistas, sino compradores…

L_ Una institución pública indispensable…, y un espacio privado…

SFP_ Son indispensables las instituciones públicas que trabajen con nosotros y no contra nosotros, las de ahora, pero también las del futuro. Espacios privados que me parecen indispensables son los espacios de trabajo, como los estudios de artista.

L_ ¿Qué líneas de comisariado se están siguiendo actualmente?

SFP_ Aquí me uno a algo que comentaba Rosa Lleó con la obsesión actual por la mediación desde el comisariado, llegando a convertirlo en una suerte de trabajo social que no satisface ni al arte ni a aquellos a los que supuestamente se dirige. Si bien se ha estigmatizado la noción de autor dentro del comisariado, es la que más me interesa, pues creo en una autoría que no tiene mucho que ver con procesos de autoridad sino con el derecho a tener un punto de vista personal y parcial sobre las cosas.

L_ ¿Qué supone hoy la crítica?

SFP_ Boris Groys habla de la crítica como “bikinis textuales“, textos que aparecen para no ser leídos y cuya función reside en poner remedio a la supuesta desnudez de las obras. No obstante, desde esa idea de que el arte no pasa sólo por las obras y proyectos, la crítica funciona como producción artística desde otros parámetros, como las exposiciones o la teoría del arte. Antes pensaba que la función de la crítica tenía que ser preguntarle a aquello de lo que habla si es coherente en los términos que propone. Ahora creo que la crítica de arte tendría que olvidarse de la crítica de arte (risas) y ser texto artístico, conversación, entrevista… Cualquier cosa menos una explicación insípida, que es lo que se espera de ella.

L_ ¿Alguna buena noticia vinculada al arte?

SFP_ Recientemente he participado en el primer encuentro de Komisario Berriak, en el País Vasco, donde varios comisarios y comisarias hemos empezado un proceso conjunto de trabajo. De momento nos hemos conocido, hemos debatido sobre lo colectivo en arte y hemos revisado el paradigma comisarial desde nuestra experiencia personal, también desde nuestros deseos y preocupaciones. Una compañera y yo comentábamos que ha sido un proceso de reconciliación con el propio contexto. Ha sido una experiencia excepcional en los dos sentidos del término: en que (desafortunadamente) no sucede apenas y en que ha sido un proceso francamente bueno.

L_ A una gran mayoría no le gusta el arte contemporáneo porque le resulta difícil de entender…

SFP_ A los seres humanos no nos suele gustar lo que nos da miedo o nos genera inseguridad. No nos gusta “no entender“. Sin embargo, a muchos no les interesa el fútbol, el béisbol o el ajedrez y no entienden sus reglas, pero no por ello consideran que no son un deporte. La mayor parte no entendemos la física cuántica, pero nadie se echa las manos a la cabeza con la inversión pública en experimentos como el Colisionador de Hadrones. Y menos aún se cuestiona que la física cuántica no se entiende si no eres científico. Se acepta casi como una de sus virtudes la dificultad que entraña para la comprensión humana. A ello se une el lugar común de que todo aquello que tiene que ver con cultura no ha de implicar esfuerzo alguno, que su comprensión ha de ser instantánea.

L_ ¿Cuál es el papel del público en la actualidad?

SFP_ Nuevamente el público es una gran abstracción, como los mercados financieros o la sociedad civil. Es un objeto de deseo que, cuando opina a la contra, tendemos a subestimar o ignorar. Para las instituciones se ha convertido en una gran preocupación y en una obsesión. Como destinatario ideal del arte, muchos artistas han trabajado con la audiencia de diferentes maneras, desde el acoso a su complicidad en los proyectos. Como parte de ese público que también soy, percibo que aquellos que trabajamos en arte tendemos a no identificarnos con este rol cuando realmente somos ese gran público que siempre está ahí.

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