Revista digital de arte contemporáneo

Un homenaje a John Berger en la Galería Fúcares

"en #Arte en Castilla la Mancha/Exposiciones"

Tres modos de ver. Homenaje a John Berger| Gloria Martín, Cristina Megía y Fernando Clemente
Galería Fúcares (Almagro)
Hasta el 15 de abril de 2017


OPERADOR LINEAL ACOTADO

“(…) Según yo lo veo, los cubistas no son lo suficientemente cubistas. Quiero decir,
que no son lo suficientemente profundos. Al convertir las cosas en algo matemático las
hacen transparentes, triviales…”  G.K. Chesterton “El hombre que sabía demasiado”

Este, aunque lo parezca, no es un texto asociado a la teoría común que analiza la Historia del Arte, si bien, está destinado a convertirse en el testimonio de una muestra que revisa una de las cuestiones más estudiadas a lo largo de todos los tiempos.

Sacudir la conciencia a modo de panfleto, poniendo en valor el arte histórico en cuanto a lo que en sí mismo es, ha sido y es actualmente la explicación más explicativa a la cuestión deteriorada de dónde viene la sociedad en que vivimos, y para ello, paradójicamente reviviendo uno de los títulos del recién desaparecido John Berger, esta muestra colectiva reúne obras de Gloria Martín, Cristina Megía y Fernando Clemente, tres pintores con estilos diferentes de cuyo trabajo imbricado podemos extraer dispares e interesantes conclusiones.

Gloria Martín

Entremos en materia hablando de su trabajo para esta exposición. Gloria Martín (Alcalá de Guadaíra, Sevilla, 1980) refleja a través de sus piezas, dos conceptos a los que su producción más reciente ha estado íntimamente relacionada: el concepto de museo como tema, vinculado a la copia como concepto de interés pedagógico, que le hace rescatar – incluso literalmente- la idea de enciclopedia en tres dimensiones, así como la perspectiva vinculada a lo cotidiano, herencia de los pintores belgas, y que deja remanente en su trabajo más reciente, al que aplica la idea reversible de la cerámica pintada, no entendida como técnica aplicable al objeto tridimensional, sino a la representación del mismo a través del lienzo. Ambos conceptos son, en efecto, derivas de su propia experiencia personal.

En ella se ve una naturaleza muerta de objetos que en realidad nunca estuvieron vivos. Elementos relacionados con la tradición, y propios de anticuarios, en los que hace destacar las representaciones de distintas texturas que van desde, las maderas o el mármol vetado, a la piedra, el azulejo o el pladur, abriéndonos las puertas a una personal wunderkammer modernizada, reestructurada y compartida. Muestra las vísceras de los conceptos expositivos en global y dignifica las estancias haciendo bello lo cotidiano y lo desapercibido. La luz y sus sombras y los elementos nimios que acompañan a lo grandilocuente hablan de lo espiritual de lo cotidiano y alude a la tradición y al valor de los objetos.

Cristina Megía

Cristina Megía (Valdepeñas, 1977), por su parte, define su propia producción parafraseando al propio Berger a modo de premonición “profecías del pasado que se viven en el presente”, son historias personales en la mayoría de los casos que en esta ocasión dan una vuelta de tuerca más, para imbricar las obras de ambas artistas, que re- representan obras entre sí con una reciprocidad personal más que interesante. Con un proceso de trabajo minucioso y pausado, reflexiona – y hace reflexionar- sobre el individuo y la actuación del mismo ante el arte, a través del arte. No en vano, se vuelve a hacer un guiño en la muestra a la figura de Berger, a través de la interpretación que hace Megía de la obra Cordero Místico que Gloria Martín hace sobre el original de Van Eyck, en el que aparece la pequeña inscripción “la pintura sigue”. Museografía, pasado y futuro, lo perdurable, el tránsito y lo temporal, o el lugar son conceptos asociados a la muestra, y más aún a las reinterpretaciones cruzadas que ambas artistas hacen una de la obra de otra.

Fernando Clemente

Por otro lado, Fernando Clemente (Jerez de la Frontera, 1975), se recrea elegantemente en el acto de pintar y deconstruye o abstrae los espacios imaginados. Sin datos concretos, invita a la mente a un ejercicio de entendimiento y perdurabilidad que atañe al concepto que engloba cada concepto representado: la propia pintura. Si hacemos una revisión histórica a aquellos periodos en los que los artistas se deleitaban contemplando el mundo que les rodeaba concluimos que sugieren que llevar estas propias expresiones a elementos esenciales los convierte en términos universales.

Se plantea una exposición que, sin pretenderlo, abre el concepto de puesta en escena para cuestionar la visión del espectador por conceptos asociados, potenciando el círculo mágico del que siempre se ha especulado en torno al arte, haciendo un guiño a la Historia como una memoria práctica. Se me ocurre en este contexto citar a Lichtenstein, quien afirmó admirar las cosas que aparentemente parodiaba, esto es, en otros términos, hablar del significado oculto en la mirada cotidiana respecto a aquello que contemplamos.

Susan Woodford abrió su estudio sobre cómo mirar un cuadro planteando la idea de cuestionar el objetivo de la obra como testimonio de la cultura que la produjo. La significación de un objeto cambia en función de lo que uno ve a su lado o inmediatamente después. El hecho de plantear una reflexión en torno a los modos de ver de quien lo ejecuta o quien lo contempla es someter al espectador a la esclavitud que se percibía en las obras de David Teniers en la representación de la galería del archiduque Leopoldo Guillermo en Bruselas frente a la emancipación moderna de las paredes blancas, como una especie de regresión.

Existe la intención metafórica de sumergir al visitante en la experiencia de la contemplación frente al modelo triunfante de -simplemente- observar un cuadro a través de la prolongación infinita del bastidor, la vitrina o el catálogo como elementos propios de la puesta en escena. Es hablar, en lenguajes diversos del ideal utópico de coexistencia de lo bueno, lo bello y lo verdadero frente al escepticismo actual ante estas virtudes. Esta sencilla reflexión en una muestra actual ya es motivo de regodeo. Podrían ser Zoffany, Hopper o Mondrian, pero en este caso son Gloria, Cristina y Fernando, in memoriam a John Berger.

Patricia Bueno del Río

Comentarios

"Lo último en #Arte en Castilla la Mancha"

Ir