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Las paredes de la galería sevillana Di Gallery se encuentran pintadas de blanco. Sin embargo, entre el 20 de febrero y el 22 de marzo [2020], las vemos moteadas de negro. Es “i.jpg”, la primera individual que Raquel Serrano [Huelva, 1995] presenta en dicho espacio. A primera vista, pensamos en una suerte de fotografías de lugares incapaces de identificar. Sin embargo, al acercarnos a buscar el detalle, vemos se van revelando por sí solos en forma de los 20 dibujos que componen la muestra.

El título nos remite de inmediato a un archivo de ordenador y expone el modo de trabajo de la artista; un riguroso proceso de selección de imagen, posteriormente modificada mediante programas de edición. Así promueve eliminar la decisión de manera consciente, pues al desdibujarlas, desvirtúa sus cualidades estéticas, quedando tan solo una suerte de mancha de color negro, blanco y gris. Posteriormente decide qué dibujar, y si bien el proceso de selección es algo innato, en este caso se reviste de un elemento puramente azaroso, pues no sabemos qué estamos viendo ni a qué pertenece. Tan solo i, la obra titular, parece recordarnos una ventana. Eso si somos capaces de dilucidarlo; la mímesis con la realidad ha quedado relegada a un suspiro tan solo en la mente de la artista.

Cada nombre hace referencia a la imagen contenida. Si bien esto puede parecer una obviedad, hemos de pensar en su desvirtuación. Es así como cada nombre no es sino una regla mnemotécnica, no buscando definir la imagen real sino la transmutada. Los dibujos son así representaciones gráficas de las mismas. En este momento el azar aparece, pues el modo de trasladarlas al mundo físico es mediante una impresión previa antes de retratarlas en dibujo.

La impresión deriva en fallos no previstos. Así lo vemos en Prueba de impresión, una ‘incompleta’ prueba en la cual podemos ver secciones no impresas. Ese fallo de máquina es trasladado de manera íntegra al dibujo, aumentando así el efecto de realidad desdibujada. Algo similar lo vemos en la serie L, dibujos parecidos al extremo pero con ligeros matices y diferencias. Suponen un punto de inflexión en tanto promueven un ejercicio de introspección y pausa más allá del trabajo mecánico: cada imagen-objeto es distinta, por ello es necesario tomar tiempo en la elaboración de cada una.

Sin embargo, el máximo exponente lo encontramos en Mota cabeza II y Mota. Dos obras hermanadas, similares pero extraordinariamente dispares entre sí. La primera pieza se presenta como todos los dibujos de la sala: con su acusado cromatismo blanco, negro y gris, junto con pequeños defectos de impresión, pues el haber guardado durante largo tiempo la misma, ha hecho se desprendan pequeños trozos. Su hermana pareciese un espejo, no obstante es una realidad alternativa en la cual todo desaparece para mantener dicha mota. Es un reflejo de la mente de la artista: no existe en la vida real, pues ese pequeño trozo no estaba en la pieza original y, por tanto, se ha recreado con lo que pudiera ser, no con lo que es.

Raquel Serrano investiga sobre la imagen, utilizando el dibujo como método de experimentación más allá del simple soporte y estableciendo un registro nemotécnico para convertirlos en una suerte de objetos que podamos apreciar.

Fernando Sánchez Morote
fernando.sanchez.morote@gmail.com

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