El IVAM reúne 7 instalaciones de Christian Boltanski

"en Exposiciones/Museos"

La exposición que el IVAM dedica a Christian Boltanski (París, 1944) reúne 7 grandes instalaciones realizadas por el artista francés, galardonado con el XIV Premio Internacional Julio González, desde 1989 hasta la actualidad, en las que aborda temas frecuentes a lo largo de su trayectoria como el paso del tiempo, la caducidad de la vida, la memoria, la ausencia y la presencia, la fragilidad del ser humano o la muerte.

Este gran conjunto de instalaciones de Boltanski nos da una visión amplia y muy rica del proceso creativo de unos de los artistas europeos actuales más conocidos. Su obra está presente en todos los museos más importantes del mundo, así como también en colecciones privadas. La influencia de su quehacer artístico es palpable en algunos de los artistas más significativos de los últimos años.

El artista francés es un creador de obras capaz de aplicar las más variadas técnicas artísticas para llegar a contar las historias que le interesan. Como pintor, la trayectoria artística de Boltanski ha estado ligada a movimientos internacionales como el pop art, minimal art o el arte povera, pero la suya ha sido una trayectoria personal en la que ha intentado sumar algunos elementos de estas formas de expresión junto a resortes propios.

Esta evolución no ha sido ajena a la búsqueda de los materiales más adecuados al relato que pretendía articular. Así, partiendo de la pintura, ha pasado por la fabricación de objetos, la escritura o el cine, hasta llegar a la fotografía, auténtico soporte de sus montajes actuales.

En cada una de sus obras hay elementos autobiográficos. Así, en 1968 empieza a reconstruir una infancia inventada, llegando incluso a organizar ciertos álbumes familiares habitados por imágenes de personas distintas, ninguna de ellas del propio Boltanski. Tras sus trabajos sobre la niñez, recurrente en casi toda su obra, empieza a trabajar acerca de la muerte, lo que le lleva a una aproximación a un arte casi espiritual sobre el que también planea una sombra de ironía.

Les tombeaux, 1996

Christian Boltansk | Les tombeaux, 1996
Christian Boltansk | Les tombeaux, 1996

Esta instalación está formada por siete tumbas anónimas que conmemoran las víctimas sin reconocimiento o sin memoria. La historia parece borrar los nombres de los hombres y mujeres que la constituyeron solo quedando los hechos relatados.

Por eso en esta pieza las tumbas no tienen lápidas que nombren a los muertos porque éstos han desaparecido de la historia.

Boltanski acude a la recuperación de los perdidos para recordar a las personas que la hicieron posible. Para ellos enciende bombillas. Las luces iluminan las almas perdidas en un gesto religioso. El artista nunca ha escondido su interés sobre las ceremonias religiosas y los ritos de paso. Con estas bombillas evoca las velas que alumbran el viaje de las almas de los difuntos. Este símbolo intenta romper con el olvido y sumirnos en un espacio de conmemoración. La carga iconográfica de las bombillas al igual que las tumbas colocan al espectador en un espacio incómodo en el que la muerte y la recuperación de la memoria operan como un ritual para curar la pérdida.

La instalación queda cerrada con una serie de portarretratos del que sólo se ha mantenido el marco. Los marcos se extienden por las paredes conformando una masa negra reflectante. Dado que los portarretratos ya no tienen una imagen fotográfica que albergar, en su lugar se ha colocado un cristal negro que refleja la figura de quien se ponga delante. Si habitualmente Boltanski hace uso de la fotografía de desconocidos para traerlos de nuevo a la vida, a la historia, en este caso las caras de los retratos se han oscurecido hasta llegar al negro. El negro simboliza la muerte, el olvido y la desaparición. El fin parece llegar con la muerte, sin embargo la falta de reconocimiento de la imagen o la pérdida de esta es caer en la muerte de la memoria.

La traversée de la vie, 2015

En La traversée de la vie Boltanski retoma una de sus obras fundacionales de 1971, L’album de la famille D (El álbum de la familia D). En el proyecto original trabajó como un etnólogo sentimental recogiendo, guardando y preservando fotografías datadas después de la Segunda Guerra Mundial. El artista compiló las imágenes como un álbum de familia, creando historias de conexión entre los personajes que podrían ser reales, pero que sólo el artista imagina e inventa.

En el primer montaje, el álbum fue reproducido como un muro fotográfico. Foto a foto se cubrió el muro de la exposición, como de costumbre en su obra, poniendo énfasis en los rostros de los desaparecidos. La idea de confeccionar archivos, rescatar documentos y presentarlos a modo de relicarios de la memoria es fundamental en los trabajos del artista francés.

Para este montaje, el artista amplía las fotografías de este álbum para imprimirlas en telas translúcidas, con lo que acentúa la sensación de paso del tiempo del archivo original. Estos grandes velos ponen en escena un laberinto en el que las veladuras se cruzan entre sí. La atmósfera fantasmagórica crece cuando las imágenes han quedado desenfocadas al ampliarlas.

Los rostros y las figuras parecen borrarse en los pasillos del laberinto. Además, las bombillas – también habituales en la obra de Boltanski- producen un efecto de ilusión.

Las luces iluminan la escena haciendo imperceptibles las fotografías impresas en los velos. Y, ofrecen luz sobre los cuerpos de los espectadores que deambulan entre las telas. La vida pasada y registrada por la fotografía se confunde con el presente de quien cruza el laberinto. En el cruce entre la memoria y el olvido, el presente y el pasado, el individuo y la comunidad se alza la vida.

Départ – Arrivée, 2015

Christian Boltanski | Depart, 2015
Christian Boltanski | Depart, 2015

Un total de ochenta y seis bombillas de luz roja componen la primera parte de esta doble instalación, Départ (Partida), que en la muestra se ha ubicado por separado y en dos salas diferentes. La segunda, Arrivée (Llegada), está formada por noventa y nueve bombillas de luz azul.

La obra hace referencia a uno de los temas que más interesan al artista francés, la idea del paso del tiempo. Está inspirada en el deseo del cineasta Alain Resnais que antes de morir había expresado su intención de rodar una película con el título “Départ, Arrivée”. Boltanski considera que la vida no es otra cosa que eso: una partida y una llegada, el nacimiento y la muerte. La vida es como un juego en el que hay que participar antes de que el tiempo se agote.

Christian Boltanski | Arrivee, 2015
Christian Boltanski | Arrivee, 2015

La Réserve des Suisses Morts, 1991

Para realizar esta serie, en la que Boltanski trabaja entre 1990 y 1993, fue recopilando diariamente fotografías que encontraba en la sección necrológica de un periódico suizo. Compuesta por elementos comunes a otras series anteriores, las piezas de la serie de La reserva de los suizos muertos se asocian de manera inmediata con la tragedia del Holocausto. En repetidas ocasiones, el artista se ha referido a que su obra es, claramente, una obra producida “después de Auschwitz” y del fin de las utopías de la modernidad. Pero para él producir un arte significativo para sus contemporáneos no significa en absoluto limitarse a hacer comentarios acerca de la historia contemporánea. Más bien, su postura es la de reenfocar problemas familiares para todos, y que encuentra en la minúscula, particular e intransferible historia cotidiana que cada uno va construyendo con una nueva mirada.

En la exposición se presentan dos de estas series de trabajos, una procedente de la colección del MACBA y otra a la del IVAM. La versión perteneciente al museo valenciano está compuesta por 2.580 cajas, cada una de las cuales presenta una reducida fotografía en la que Boltanski ha recortado el rostro en primer plano de un muerto. Las cajas metálicas pueden recordar las cajas de galletas en las que los niños suelen esconder sus “tesoros” o a urnas cinerarias, mientras que las fotografías, por su contenido y escala, otorgan a cada módulo un carácter extremadamente íntimo y personal que se expone crudamente en el apilamiento.

Christian Boltanski | La Réserve des Suisses Morts, 1991
Christian Boltanski | La Réserve des Suisses Morts

Reliquaire, 1990

Las tres columnas de fotografías ampliadas y cajas metálicas, que se supone conservan las reliquias de los retratados, presentan un conjunto de doce personajes, con una calidad de primer plano fotográfico algo deformado característico de las páginas de sucesos, que el espectador presupone que han muerto. Esto provoca una sensación que, además, se ve acentuada por una serie de elementos que tienden a los siniestro y que son igualmente familiares en otros trabajos parecidos: las lámparas que iluminan de forma desmedida los rostros y el juego que establecen los cables eléctricos.

Boltanski se limita a presentar una serie de signos convencionales que provocan una fuerte emoción en el espectador, cargados de un sentido muy arraigado en el inconsciente colectivo. Se esfuerza asimismo en marcar un cierto carácter totémico en toda la composición ordenada con una perspectiva hacia lo alto y en columnas que tienen algo de altares modernos no dedicados a ningún dios, sino a personas corrientes que han desaparecido. Son, posiblemente, las únicas huellas que quedan de su existencia.

Christian Boltanski | Reliquaire, 1990
Christian Boltanski | Reliquaire, 1990

Archives de l’année 1987 du Journal El Caso, 1987

En ocasiones el acercamiento de Christian Boltanski a los dramas del ser humano posee un cierto carácter macabro. En Archives de l’année 1987 du Journal El Caso toma imágenes del ya desaparecido diario español El Caso, conocido por sus artículos sobre crímenes y sucesos. Boltanski reúne en esta instalación trescientas fotografías de víctimas de secuestros, asesinatos y desapariciones del año 1987. De nuevo, la muerte y la memoria se presentan como temas fundamentales en la obra del artista. En esta instalación los rostros de las víctimas son rescatados del olvido a través de los retratos del periódico que son reproducidos en mayor tamaño que el original y colocados como un mosaico. Los rostros son iluminados con pequeñas lámparas que remarcan la idea de sacralización de la imagen, así como el sentido trágico de la pérdida.

La multiplicación de los rostros desconocidos destaca el sentido anónimo que con el paso del tiempo se da de la víctima. Pero también la levedad y fragilidad de la vida ante la muerte impuesta. El mal acaba banalizando la vida dejándola en un lugar menor. Así se comprueba con los muertos de la guerra, los exterminados en los conflictos étnicos, los asesinados, los torturados y todas aquellas víctimas de la violencia. Esta idea de que todos estamos a merced de la muerte y que cualquiera puede convertirse en verdugo entroncaría con su historia personal y biográfica, puesto que Boltanski es heredero del Holocausto y conoció de cerca los testimonios del terror totalitarista. En Archives de l’année 1987 du Journal El Caso, el horror convive con la vida con suma cotidianidad implantando los designios de un destino trágico que recae sobre todos nosotros.

Comentarios

Deja un comentario

Your email address will not be published.

*

"Lo último en Exposiciones"

Escucho un río seco

Escucho un río seco Juan Fontaíña comisario: Francisco Porto La Doce (Boiro)
Ir