La Casa Encendida presenta “Vicios Modernos. Ceesepe 1973-1983”

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La Casa Encendida de Fundación Montemadrid presenta la exposición Vicios Modernos. Ceesepe 1973-1983 dedicada a la obra gráfica de Carlos Sánchez Pérez (Madrid, 1958-2018), más conocido como Ceesepe. Antes de convertirse en el pintor que extrajo poesía de las malas calles de Madrid, Ceesepe fue un precoz, tenaz y brillante dibujante de historietas. Su obra en el ámbito del cómic se desarrolló a lo largo de apenas diez años, pero su influencia y resonancia no se limitó a ese periodo. Hoy, décadas después, se presenta como un singular retrato de la vida que siguió al fin de la dictadura

Vicios Modernos. Ceesepe 1973-1983 está dedicada a un período concreto de la producción de Ceesepe centrado en el lenguaje del cómic y la viñeta. La exposición abarca una década, se remonta a los años escolares del artista y se cierra en el año 83, con sus últimos cómics y cuando su metamorfosis hacia la pintura ya ha culminado.

En el libro que acompaña la exposición, la comisaria Elsa Fernández-Santos escribe que “no se pueden entender los años setenta en España sin medir lo que supuso el aterrizaje, en la esfera juvenil, de las historietas y dibujos que la cultura oficial ninguneaba. La estela del cómic underground estadounidense, rebelde y desmitificador, tocaba la orilla de un país sediento de pruebas de modernidad. El lenguaje de la tinta china era perfecto: con mínimos medios recogía la voz insumisa de las nuevas generaciones”.

La primera sala de la exposición está dedicada casi enteramente a la primera producción de Ceesepe, desde sus primeras historietas, algunas del tamaño de una caja de cerillas, a sus cuadernos de apuntes y dibujos.

La influencia de las ideas de la contracultura que llegaban desde Estados Unidos se reflejan en muchas de las obras de esta época, especialmente en toda la serie del personaje Slober. Además de los originales, la exposición incluye las revistas dónde se publicaron. Destaca la barcelonesa Star en la que, con apenas 16 años, Ceesepe publicó su primera historieta. A muy temprana edad se convirtió en un referente del cómic que emergía en esos años, un movimiento juvenil y contracultural que respondía a las inquietudes de los jóvenes transicionales. El personaje Slober era un antihéroe políticamente incorrecto y violento que protagonizó sus delirantes aventuras. Slober se populariza enormemente entre los jóvenes que empiezan a reconocer la firma de Ceesepe.

En el mismo libro, Jordi Costa escribe: “Slober será la creación más icónica del Ceesepe puramente underground, un personaje que funcionará, en cierta medida, como alter ego pulsional del artista y que avanzará como un vector de transgresión y crueldad a través de unos universos oscuros regidos por el horror vacui”.

Por su parte, los tebeos de El Rrollo en Barcelona y la Cascorro Factory en Madrid fueron dos de los focos principales de un movimiento que aglutinó a jóvenes de diferentes sensibilidades. Entre ellos destacó un madrileño que desde la adolescencia había desarrollado un original instinto para el dibujo.

Vinculado a Star y al grupo de dibujantes de Barcelona que publican El Rrollo Enmascarado, entre ellos Nazario Luque y Xavier Mariscal, Ceesepe pudo llevar sus influencias a Madrid en unos años en los que la capital aún no había cogido el testigo de la cultura juvenil. Ceesepe, que poco después se convertiría en una destacada figura de lo que se conoce como la movida, actuó de puente entre las dos ciudades estableciendo un fundamental vínculo entre el Rastro y Las Ramblas, es decir, entre dos lugares hegemónicos en el nuevo flujo de libertad que surgía primero en Barcelona y luego en Madrid.

Así, con un pie en cada ciudad, Ceesepe monta en el Rastro, junto al fotógrafo Alberto García-Alix, su propia aventura: Cascorro Factory, un puesto de cómics y sello de las publicaciones artesanales que creaban con sus amigos, entre otros, Ouka Leele y El Hortelano.

Fernández-Santos añade: “Ceesepe tenía ya un puesto de cómics en el mercadillo madrileño cuando una amiga le presenta a Alberto García-Alix. Era la primavera de 1976. La fascinación entre ambos fue automática. «Yo venía de la universidad, de fracasar, y él despertó mi creatividad», recuerda el fotógrafo. Para el tímido Ceesepe, el guapo García-Alix representaba un mundo nuevo regido por los manjares urbanos: diversión, drogas y mujeres. Su fantasía había encontrado al muso perfecto. El puesto del Rastro estaba en la calle de Encomienda, pegado a la plaza de Cascorro. Ceesepe le sugirió a García-Alix sumarse a su aventura dominical. Quería evocar a la Factory de Warhol desde aquella mesita plagada de fanzines y cómics americanos traducidos al español que elaboraban de forma casera, reproducidos con offset o multicopista y grapados después, también manualmente. Entre los dos surgió el nombre del puesto y de sus publicaciones: la Cascorro Factory unía el corazón más castizo de Madrid con la utopía de la modernidad neoyorquina”. 

Fue bajo el sello de la Cascorro Factory donde publicaría su obra más importante y fronteriza de esos años, “Vicios Modernos”, un fanzine fundamental que incluía la historieta del título, creada a partir de fotografías de García-Alix, y Bestias de lujo, en la que ya se distingue el embrión de un nuevo rumbo. Este fanzine da nombre a la exposición y ocupa un espacio destacado en ella.

Elsa Fernádez Santos señala que “creado a partir de fotografías de Alberto García-Alix, ‘Vicios modernos’ llevaba a la ficción la realidad de la cámara. Una suerte de tebeo documental en el que el propio García-Alix es el protagonista, y Ceesepe, caracterizado como un excesivo y teatral músico glam, se erige en su observador omnipresente. La historieta, pese a la belleza de su trazo, resulta más desesperanzada que nunca”. Y continúa: “Su halo de marginalidad se prolonga en Bestias de lujo, descarnado y fundamental relato en el que un grupo de bellos malditos, mirando al frente, presentan sus credenciales de irreparable orfandad: —Sí, somos la generación más perdida de todas. —Los últimos héroes de una raza de perdedores. —Chulos, putas y maricones. —No servimos para nada”.

Entre los originales presentes en la exposición está el de “Mayo Rojo”, última viñeta de Bestias de Lujo, donde el uso del color muestra el futuro camino del artista.

Alberto García-Alix también refleja en el libro que “en pocos años, Carlos se había convertido en un creador con un phatos único. Inconfundible. La obra ‘Mayo rojo’ que cierra Vicios Modernos fue hecha en color. Pienso que es la precursora de las creaciones de Carlos que vendrían luego. Para mí “Vicios Modernos” fue ideológicamente la puerta visual de La Movida”.

En la segunda sala destaca El Tacón cubano, una historieta en la que el formato del dibujo ya es mucho más grande. Políticamente incorrecto y contestatario por naturaleza, el cómic permitía a un principiante como Ceesepe experimentar con el dibujo y también con sus posibilidades narrativas. Sin embargo, el medio se le quedó pequeño y la obra de Ceesepe empezó a mutar atraída por las posibilidades de la pintura. Las viñetas crecieron, el color empezó a conquistar el terreno y las historietas, cada vez más sofisticadas y trabajadas, se convirtieron en pequeños cuadros que anunciaban lo que estaba por llegar.

En esta sección, el color ya es el absoluto protagonista. Se exponen algunos de los dibujos que realizó para la ópera prima de Pedro Almodóvar, Pepi, Luci, Bom y otras chicas del montón, además de dos de sus cómics más sofisticados, en los que las viñetas ya casi son cuadros: La luchaEl día que muera Bombita y Estrellita va a New York, cuya portada (publicada en El Víbora) ya es directamente un lienzo.

Según Jordi Costa, “la obra de Ceesepe en el ámbito de la historieta se desarrolló a lo largo de un limitado período de tiempo de apenas diez años que, progresivamente, fue trazando una sinuosa ruta que llevaría de la viñeta entendida como puerta (o ascensor) en dirección al mal viaje al lienzo trascendido como ventana abierta al skyline multicolor de una ciudad futura, deslumbrante y soñada”.

El libro de la exposición, coeditado por Fulgencio Pimentel y Ediciones La Bahía (Archivo Lafuente), cuenta con 400 páginas que presentan una recopilación integral y exhaustiva de los cómics del artista acompañados de cuatro textos: el de Alberto García-Alix, que evoca su amistad con Ceesepe y sus años juntos en la Cascorro Factory; el de Onliyú, quien fue redactor jefe de El Víbora y que explica la conexión de Ceesepe con el cómic underground de Barcelona; el del crítico Jordi Costa, que analiza el trabajo de esa década de Ceesepe, y el de la comisaria, Elsa Fernández-Santos.

Los originales, las fotografías y los cuadernos, muchos de ellos escolares, que se reúnen en la exposición «Vicios Modernos. Ceesepe 1973-1983» fueron en su mayoría adquiridos al artista por el Archivo Lafuente. Junto con La Casa Encendida, el Archivo trabajó mano a mano con el artista en esta exposición hasta su muerte en septiembre de 2018.

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