La propia naturaleza de un animal frágil de Santiago Talavera en ATM

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La propia naturaleza de un animal frágil | Santiago Talavera
ATM | Gijón
Inauguración 30 sept 20h


La galería ATM, en colaboración con la galería madrileña Slowtrack, presenta, dentro del marco de La Noche Blanca 2016, una exposición individual de Santiago Talavera (Albacete, 1979). La muestra, comisariada por Francisco Porto, director y fundador de Latamuda Productora de Arte Contemporáneo, reúne una selección compuesta de dibujos y pinturas en los que se muestra cómo el artista ha evolucionado desde el paisaje a la relación que el hombre establece con el resto de las especies. Sin embargo, bajo sus obras subyace una misma inquietud que las hace dialogar, que no es más que la reflexión en profundidad sobre si el ser humano ha de replantearse su forma de ser y de estar en la sociedad actual.

La muestra se inaugura el próximo viernes 30 de septiembre a las 20h y contará con la presencia del comisario, quien realizará una visita guiada para presentar la exposición a todos los asistentes. Además, la cita vendrá acompañada por la actuación en directo de un DJ a las 22h.

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Santiago Talavera | Geometría empática II. 2015

“Somos conscientes de que hay un animal en nosotros cuyo despertar está en razón directa al letargo de lo superior de nuestra naturaleza. Aquel es reptil y sensual, y quizá no lo podemos expulsar completamente; es como los gusanos que están instalados en nuestro cuerpo, aunque estemos vivos y sanos. Es posible que podamos alejarnos de ese animal, pero jamás podremos cambiar su naturaleza.”

Walden, Henry David Thoreau

Si hay una constante en la obra de Santiago Talavera es la reflexión en profundidad sobre qué somos y cómo nos relacionamos en la contemporaneidad. Incluso en sus paisajes deshabitados por el ser humano (El ingenio de la escalera,2013), éste, inevitablemente, está presente y establece esa suerte de dicotomía entre su propia acción y la naturaleza a la que se enfrentaba el artista a la hora de abordar el soporte en blanco. De algún modo, esa constante sigue latiendo con intensidad.

En los últimos cinco años de la trayectoria del artista, se han sucedido diferentes momentos bisagra que le mantienen en vilo. El punto de partida de su reflexión se ha convertido en su más íntima preocupación, una obsesión latente por encontrar una verdad sin corromper, que materializa a través de la pintura, del dibujo o del collage. De un modo consciente, en 2013 dejaba atrás un periodo con el proyecto presentado para la New Gallery. Conmigo llevo todas las cosas simbolizó en su carrera artística “un empezar de cero”, un romper con lo anterior. Pero esto no es del todo cierto. Lo que estaba haciendo Santiago Talavera era simplemente dejar a un lado lo superficial, lo que no atendía a sus cuestiones, lo superfluo, para llevarse consigo todas las cosas. Todas las cosas esenciales para desarrollar su discurso en torno al ser humano en relación al problema de su dominación sobre el resto de las especies. Lo apuntaba el filósofo y escritor Henry David Thoreau en 1854, año en el que se publicó Walden, uno de los ensayos más elocuentes en defensa de la naturaleza escritos. En ese momento, Thoreau se encontró con la sociedad industrial. A Santiago Talavera le tocó otra época, la de una sociedad inmersa en el capitalismo, que no ha hecho más que acrecentar aquella situación todavía incipiente.

Esta preocupación le ha llevado a un cambio no solo ético, sino también estético. Lejos queda el aporte idealista de los parajes indómitos, de las composiciones saturadas de imágenes escaladas intencionadamente. De estos paisajes detenidos del periodo anterior, paisajes fuera del tiempo presente en los que recreaba una suerte de ensoñaciones aparentemente caóticas (En la vida anterior, 2011), Talavera propone ahora una visión más descarnada en la que los campos de visión han sido reducidos en favor de aquello que cuestiona poniendo de manifiesto cómo la acción humana aplasta rotundamente un ecosistema que se ve continuamente violentado por él mismo sin ningún tipo de respeto. La serie Geometría Empática II (2015) así lo enuncia sin tapujos, situando figuras de animales doloridos en áridos escenarios producto de un ser humano sin escrúpulos propio de la sociedad del capitalismo. Aquellos universos plurales han devenido, metafóricamente hablando, en verdaderas ‘naturalezas muertas’ en las que, sin embargo, aún se advierte un atisbo de esperanza.

Acotando el espacio, el artista incide directamente en la necesidad de un cambio de paradigma con respecto al ser humano, en la urgencia de una reflexión moral para con nosotros mismos como miembros del ecosistema que habitamos y del que, inevitablemente, formamos parte. Esta apreciación ha hecho al pintor consciente de una situación actual disfrazada de falso bienestar que se deja llevar hacia la deriva, a la que corresponde un compromiso y una responsabilidad en relación a nuestro entorno. Lo consigue mediante un manejo excelente del dibujo y la pintura en un juego en el que la estética se hace cómplice de la cuestión ética. Dejar atrás la paleta de los pasteles, volviéndolos fríos, suprimiendo color, incluso, a veces, prescindiendo de él, supone enfrentarse al hecho de representar la relación del ser humano con el resto de los seres vivos, y, por ende, con la naturaleza, ya no de modo idealizado, sino desde una perspectiva interior consciente de la gravedad de la cuestión.

Santiago Talavera | Profecías de un desorden. 2013
Santiago Talavera | Profecías de un desorden. 2013

Las piezas que aquí nos ocupan establecen, del mismo modo, un paralelismo con la trayectoria artística que ahora se plantea en esta exposición. De algún modo Profecías de un desorden (2013) lo auguraba. Cómo en un corto lapso de tiempo, ha reformulado su discurso para definirlo y matizarlo mediante una técnica exhaustiva en detalles y elementos que no hacen más que precisarlo.

Desde la observación minuciosa, Santiago Talavera parte de la reflexión sobre una de las cuestiones filosóficas por excelencia: qué somos, con la que se empezaba a escribir este texto. A través de la ausencia del ser humano en sus obras, da cabida a la consideración de su existencia poniéndola en entredicho. Su propia huella lo hace patente y son las preguntas las que se sostienen. Las respuestas, en la mano del pintor están.

Francisco Porto, sept 2016

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