La obra del japonés Tetsuya Ishida recobra actualidad un año después de exponer en el Museo Reina Sofía

El Museo Reina Sofía presentó hace justo un año en el Palacio de Velázquez del Parque de Retiro de Madrid la exposición Autorretrato de otro, la primera gran retrospectiva que se realizaba fuera de Japón sobre el trabajo de Tetsuya Ishida (Yaizu, Shizuoka, 1973 – Tokio, 2005). Comisariada por Teresa Velázquez, la muestra nos descubrió a un artista de culto en su país, que en su corta carrera reflejó con incisiva lucidez las amargas consecuencias de las sucesivas crisis que perturbaron la economía mundial a partir de 1973 y, más concretamente, el momento de recesión que vivió Japón tras el estallido de la burbuja especulativa en 1991.


En tan solo diez años de actividad –falleció a los 32 años de edad- Ishida produjo un formidable corpus de trabajo, poniendo rostro a la desolación generalizada de una sociedad radicalmente alterada por los despidos masivos y la especulación. Sus pinturas, dibujos y cuadernos son un testimonio excepcional del malestar y la alienación del sujeto contemporáneo, denunciando sin tapujos su deshumanización. Ishida forma parte de la denominada “generación perdida” de aquellos años, que creció embestida por la falta de expectativas, haciendo mella en una juventud cada vez más escéptica.

La muestra, una de las que mejor acogida tuvo en nuestro país el pasado año, vuelve a estar de actualidad dadas las circunstancias actuales por las que está atravesando la sociedad hoy en día. Gran parte de sus imágenes nos recuerdan, con una clarividencia que resulta cuanto menos conmovedora, lo que estamos viviendo en estos días, en los que las circunstancias actuales derivadas de la crisis por el Coronavirus han hecho que muchos de sus trabajos se conviertan en las postales de la situación actual mundial: Soledad, aislamiento, crisis laboral, enfermedad, alienación del individuo…etc.

Otro de los aspectos destacados de su trabajo que se entronca con la actualidad es la situación de los jóvenes y adolescentes, que están afrontando este confinamiento de la mejor manera posible, y que en el trabajo de Ishidaalude a la creciente tendencia de la población más joven hacia la introspección, que en Japón ha derivado en la dramática expansión del síndrome del hikikomori, el encierro voluntario de muchos de estos adolescentes que, inmersos en universos virtuales, eligen una existencia vegetativa al margen de la sociedad. Desorientación y soledad voluntaria contra encierro obligatorio.

Comentarios