Las banderas no dejan ver la casa de Florentino Díaz

"en Exposiciones/Galerías"

Las banderas no dejan ver la casa | Florentino Díaz
Siboney
21 may – 28 jun 2016


S./T. ( Las banderas no permiten ver la casa). 2016.
S./T. | Las banderas no permiten ver la casa | Siboney, 2016

Florentino Díaz presenta en la galería Siboney la que supone su primera muestra individual en la galería y en Santander. La exposición, que se realiza en colaboración con la galería Trinta (Santiago de Compostela), y lleva por título Las banderas no dejan ver la casa, se estructura con piezas de suelo, de pared y dibujos, que de alguna manera dan continuidad a su último proyecto presentado en Madrid, La casa desolada en la Galería Astarté, y constituyen hasta el momento la última entrega, -como si de una enciclopedia temática se tratase-, de su idea de hábitat.

Estamos hablando de un artista con un proyecto absolutamente singular, por sus búsquedas, por su ánimo, por su extraña mezcla de entrega, distancia e ironía, que a medida que pasa el tiempo, más sorprende por la claridad con la que, desde sus inicios, se desmarcó de propuestas generacionales y se adentró en caminos solitarios, difíciles, poco vistosos, en los primeros ochenta de la mano de dos excelentes galeristas de Madrid, como fueron Ángel Romero y Emilio Navarro, con quienes se iniciaron muchos de los artistas más significativos del actual panorama español.

Pasan los años y sus imágenes (las de entonces y las de ahora) se mantienen y piden entrar en debates mayores…

S./T. | Las banderas no permiten ver la casa | Siboney, 2016
S./T. | Las banderas no permiten ver la casa | Siboney, 2016

Miguel Cereceda señala respecto a estas obras, que “Sirviéndose de sus materiales tradicionales (maderas recicladas, acero inoxidable y caucho) y de sus elementos constructivos básicos (la idea de la casa, ejemplificada fundamentalmente por la mesa, la silla, la cama, el armario…), Florentino Díaz construye pequeñas casitas moralizantes, en las que el humor y la ironía se convierten en armas de crítica social”.

Es cierto que hay quien ha entendido su trabajo como una especie de estructuralismo escultórico y también quien lo ha leído como una especie de continuidad del formalismo minimalista, y hasta se le ha visto como un seguidor de la idea de la escultura como dibujo en el espacio de Julio González. Pero es posible que todas estas interpretaciones hayan querido atender solamente a las piezas más formalistas de su obra, de las que en esta exposición también hay alguna interesante muestra, sin prestar atención al corrosivo elemento de crítica social que siempre ha estado presente a lo largo de toda su trayectoria. Crítica social demoledora que desde hace años se ocupa con elegancia, virtuosismo y fina ironía, de los problemas políticos del habitar y que por eso repite casi obsesivamente los cuatro elementos compositivos del cuarto de estar. Pues incluso en aquellas piezas de apariencia puramente formalista se alude explícitamente a la dificultad y a la incomodidad del habitar.

“Desde comienzos de los noventa he trabajado sobre la idea de la casa de una manera casi obsesiva: La casa de mis sueños, Ca-sa-có-mo-da, El monstruo de la casa, Doble falsedad, LCDF… hasta mi última intervención en Abierto x obras Europa: Paisajes de invierno, que representaba una gran casa-barracón en la cual podíamos asomarnos a través de unos vídeos y ver cómo eran los hogares europeos de la primera mitad del siglo XX. Ese lugar donde nacemos y morimos, donde amamos y sufrimos, donde descansamos y somos felices, donde nos protegemos y en el que, en fin, pasamos gran parte de nuestra vida se ha convertido en un tema recurrente que aparece una y otra vez en mi obra. Es el centro alrededor del cual gira todo, de donde se sale y adonde se vuelve. Hablo de todas las casas puesto que todas ellas somos todos y, todos somos el planeta en que vivimos. Ahora mismo a Europa están llegando miles de ciudadanos que huyen de la guerra y el terror que existe en sus países buscando un lugar-casa que les acoja y proteja. Pero las fronteras se han cerrado y no permiten el paso en nombre de algunos derechos (que no se pueden entender más que como privilegios) enarbolando banderas nacionalistas que tapan o eclipsan la casa que un día habían soñado también podría ser la suya.Desde luego creo que Las banderas no dejan ver la casa.”Florentino Díaz
Filemón en la oficina del director, 2013 | Las banderas no dejan ver la casa | Siboney, 2016
Filemón en la oficina del director, 2013 | Las banderas no dejan ver la casa | Siboney, 2016

Las obras de Florentino Díaz (Cáceres, 1954) se caracterizan, desde los años 1990, por el uso de materiales e imágenes recuperadas, elementos aparentemente sencillos pero cargados de sentido y de connotación emocional. Desde hace muchos años Florentino Díaz ha ido guardando pequeños tesoros encontrados en el Rastro de Madrid o de las ciudades que visitaba en sus viajes. Objetos, libros, fotografías que a veces nos desvelan y otras se guardan los secretos de vidas e historias de otro tiempo. El artista es además un referente cuyo trabajo ha girado siempre en torno al concepto de lo doméstico, de la casa, concebida como un espacio cada vez más difícil de habitar. Sus instalaciones se han expuesto en centros nacionales e internacionales, como el CAB de Burgos, MEIAC de Badajoz, Museo Barjola de Gijón, Casal Solleriç Espai 4 de Mallorca, Museo de Cáceres, Salón de los 16, Kunstamt Kreuzberg-Bethanien de Berlín, y en ferias como  Art Cologne, MACO-MEXICO, Liste The Young Art Fair de Basel, Art Chicago, Busan Bienal de Corea. Y forma parte de colecciones privadas, museos e instituciones como CGAC de A Coruña, Colección La Caixa, Fundación Coca-Cola España, Colección Banco de España, Museo de Cáceres, entre otras.

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