Los Bravú hacen parada en la Galería 6mas1

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El jueves 25 de enero a las 20:00 h. tendrá lugar en la Galería 6mas1 la inauguración de Los Bravú, dúo artístico formado por Dea Gómez (Salamanca, 1989) y Diego Omil (Pontevedra, 1988).
Esta exposición se encuentra dentro del formato de exposiciones cortas –tres días de duración- llamadas #INTERMEZZO. El primero fue N40º 25’ 11,99’’ de Julia Llerena, el segundo Inauguración de Juancho Arregui y el tercero Archivo de pequeñas catástrofes cotidianas, de Catalina G. Guzmán.


“La Súper Pop los mencionaría en la portada de un número de grupos random para adolescentes. La adolescencia es precisamente una de las etapas más importantes de nuestras vidas. Los años en los que se forma nuestra personalidad. Cuando crees que la mayor transición de tu vida va a ser la de pasar del lápiz al boli en el colegio, o de la tablet a la realidad virtual sería más actual, “la edad del pavo”.

Pues este dúo artístico esta superando su personal edad del pavo, tras escapar a la poca académica, Academia de Roma, dándole un giro a su vida. Y este pasa por dejar la Súper Pop por la GQ o en el mejor de los casos por Vogue. Los Bravú debutan en la galería 6mas1 con un trabajo aún complejo de definir por su terneza emocional. Podríamos acuñar el término de neocostumbristas u “orquesta de verbena”. Retratan su realidad mas cercana, animando el ambiente con escenas cargadas de móviles, camisetas de marcas como TUNA, BALLSTAR, COCO CANAL o ADIDOS. Sin duda podríamos definirlos con frases ya míticas, “ni saben cantar, ni bailar, pero no se los pierdan señores!!” o “no les quiten el ojo de encima, estos chicos prometen!”.


Siendo más breve aun si se puede pero no mas tópico, un trabajo fresco, de los que el galerista Jacobo Fitz James Stuart diría “artistas sumergentes”.

Yo vi su trabajo mientras paseaba por una feria decadente de la que voy a omitir su nombre, pero no la brillantez del trabajo de esta peculiar pareja. Tal fue mi fijación que no dejé de seguirles en la distancia del temeroso padre que no quiere influir a sus retoños en la dura edad del pavo y ahora paso a ser el orgulloso padre, que no solo escucha su misma música sino que saca pecho ante el brillante trabajo de una pareja que pasa de prometer, a demostrar su talento.” *

 

*El texto corresponde a José David Pérez Fernández

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