El Reina Sofía acoge la primera exposición en España de Anne-Marie Schneider

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Anne-Marie Scheneider. Sans titre (Sin título), 2013. Cortesía de la artista y Peter Freeman, Inc.
Anne-Marie Scheneider. Sans titre (Sin título), 2013. Cortesía de la artista y Peter Freeman, Inc.

El Museo Reina Sofía alberga la primera exposición que se organiza en España de Anne-Marie Schneider. La muestra se centra en la evolución de la artista desde sus primeros dibujos minimalistas, realizados a finales de la década de los 80, donde la línea y el trazo eran protagonistas, hasta la incorporación progresiva del color en los años 90, cuando ambas formas se alternan hasta llegar a las composiciones más recientes.

La línea es el enunciado elemental del imaginario de Anne-Marie Schneider (Chauny, Francia, 1962) en el que la actividad autobiográfica está muy presente. El trazo remite a la escritura gestual y da forma a un enigmático universo de personajes cuyos cuerpos a menudo se desarman y rearman en fragmentos, se prolongan en el espacio doméstico y se proyectan en el paisaje. Su fascinación por las situaciones cotidianas y los objetos más banales  desvela en el trazo una violencia más o menos explícita. La fábula, la sátira, el humor negro y lo absurdo componen una obra donde la improvisación convive con el gesto preciso y calculado.

La exposición propone un recorrido a través de cerca de 250 obras –entre dibujos, pinturas y películas– que acercan al espectador el universo creativo de la artista. Una variada iconografía que recoge su visión personal e íntima, cercana a la emoción, junto a la capacidad de inspirar lecturas que enlazan la fantasía y las situaciones más cotidianas. Las referencias a acontecimientos políticos y sociales de nuestro tiempo, tratadas con sátira y humor negro, son también una constante en la práctica de Schneider.

La obra de Anne-Marie Schneider muestra un enigmático universo de cuerpos desarmados, objetos banales, escenas domésticas, leyendas y humor negro, con el que desvela relaciones tormentosas y violentas. El trazo es el enunciado elemental de este imaginario; con él desarrolla un ejercicio psicográfico, una escritura gestual entendida como acontecimiento. No resulta extraño que entre sus referentes, junto a artistas plásticas como Eva Hesse o Louise Bourgeois, se hallen también figuras clave de la literatura como Franz Kafka y Virginia Woolf, pues el dibujo le sirve como estímulo para la imaginación, favoreciendo un juego de motivos análogos a la escritura.

Violinista de formación, en sus trabajos, tanto en los dibujos y pinturas como en las películas, pueden encontrarse elementos comunes, disonancias y ritmos persistentes. La improvisación, celebrada en el ámbito de la música (especialmente del jazz) y de la danza durante el siglo XX, convive en la obra de Schneider con el gesto preciso y calculado desbordando cualquier programa o principio constructivo: sus imágenes definen un lugar presente, la inscripción sirve de momento iniciático. Un dibujo de 1991, que reza “sans point” (sin punto), ilustra esta idea: es el movimiento del punto, el trazo, el que desvela la presencia de la artista, el acto creativo.

De esta improvisación gráfica se desprende una experiencia cinemática: el movimiento puede rastrearse en las distintas intensidades del trazo, en sus derivas y curvas, y en la vibración y disposición de los colores. En la película CodeBarre (Código de barras, 2001) recurre a la alineación de piernas para sugerir una multitud en marcha. El tumulto del cuerpo, su agitación interna, está presente también en las contaminaciones entre el interior y el exterior, entre sus figuras y el espacio que habitan, como sucede en su dibujo con acuarelas, Sans titre (Sin título, 2013), en el que las retículas de los edificios se mezclan con los cuerpos de los personajes, haciéndose unos y otros indistinguibles.

La figura del narrador en cuanto improvisador, guarda una cierta analogía con la artista, que recoge cuentos y leyendas del imaginario popular para trazar variaciones y juegos de repeticiones. La narración es para ella una forma básica de comunicación y expresión. La pone en valor, por ejemplo, al abordar el desalojo de los “sin papeles” del barrio parisino de Saint-Bernard en su serie de dibujos de 1997, donde opone su relato a las informaciones desafectadas que ofrecen los medios de comunicación.La presente exposición propone un recorrido por la evolución de su obra, desde los dibujos iniciales de finales de los ochenta marcados por la sobriedad lineal y anti-pictórica, a aquellos en los que el color cobra protagonismo a mediados de los años noventa, hasta la actualidad, donde ambas formas se alternan.

En sus primeros trabajos, Schneider emplea el color únicamente como relleno de la línea, adoptando una restricción similar a la del artista Philip Guston. Como él, busca prescindir de lo anecdótico para enfatizar la gestualidad del trazo en un ejercicio de intensidad y condensación; si bien ella no llega a eliminarlo por completo, especialmente en sus películas en las que predomina el paisaje.

Anne-Marie Schneider. Sin título, 1996-1997. Carboncillo sobre papel. Fonds régional d'Art contemporain Provence-Alpes-Côte d'Azur.
Anne-Marie Schneider. Sin título, 1996-1997. Carboncillo sobre papel. Fonds régional d’Art contemporain Provence-Alpes-Côte d’Azur.

La incorporación del color como un elemento principal diversifica su lenguaje, se transforma en grito, se difunde y se expande. Remite a menudo a las sustancias del cuerpo —agua, sangre y esperma— y a la imagen insistente de la ola. De este interés por lo cromático destaca su deriva hacia los monocromos azules, donde la referencia del mar y sus ritmos se hace más patente. En Chambre (Cuarto) o Sans titre (Sin título), ambos de 2012, lo grotesco da paso a lo burlesco geométrico pero persisten sus intereses vinculados al relato autobiográfico. Tanto en estas como en otras obras de distintos momentos —la escena de un hombre afeitándose en el cuarto de baño del dibujo Sans titre (Sin título, 1994) o su acuarela Sans titre (Sin título, 2009) con una figura recostada abrazando un reloj—, el interior doméstico se aborda en tanto que construcción y representación personal.

Otro trabajo concebido en base al uso del color es su serie de La Belle et la Bete (La bella y la bestia, 2009), en la que reinterpreta el cuento popular desde la noción de lo horrible y tormentoso, aplicando grandes cantidades de pigmento que le dan un acabado denso. En su producción más reciente, Schneider continúa experimentado con grandes manchas de color que ocupan por completo el lienzo, como en sus series de óleos de 2012 y 2016; sin renunciar al dibujo, medio predilecto que, junto con sus inquietudes biográficas y narrativas, no abandona.

Notas sobre Anne-Marie Schneider

El trabajo de Anne-Marie Schneider está presente en las colecciones francesas del Musée d’Art moderne de la Ville, Centre Pompidou y Fonds national d’art contemporain de París; FRAC Haute de Rouen; FRAC Picardie de Amiens, y FRAC Provence Alpes Côte d’Azur de Marsella, como también en el Musée des Arts Contemporains – Site du Grand-Hornu de Boussu (Bélgica); Museum Overholland en Ámsterdam y Museum Het Domein en Sittard (Holanda), y Yale University Art Gallery de New Haven (Estados Unidos). En el año 2010 fue nominada al Prix Marcel Duchamp de l’Association pour la Difusion Internationale de l’Art français (ADIAF).

+info: Llega el Otoño al Museo Reina Sofía | Programa de exposiciones

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