Revista digital de arte contemporáneo

El rock y el minimal punk se dan cita en las sedes de L21 Gallery

"en Galerías"

Estoy harto de oír a la gente que dice que hemos hecho once discos que suenan exactamente igual, de hecho, hemos hecho doce álbumes que suenan exactamente igual.

Angus Young

Rock the blues away L21 Gallery

L21 Gallery inauguró este pasado sábado Rock the Blues Away, la primera exposición individual de Abdul Vas en el espacio madrileño de Doctor Fourquet. Rock the Blues Away nace de la pasión y melomanía que desde la tierna edad de 5 años siente Abdul Vas por AC/DC.

Todo empezó con la compra de un disco y ha ido aumentando hasta convertirse en una impresionante colección (muestra de ello es la instalación que podemos encontrarnos en la galería, formada tan solo por un 3% de la colección total del artista). Es esta pasión la que se muestra en sus obras, influenciadas en su totalidad por el grupo australiano. Ya no solo a la hora de crear, sino también en las formas, los colores e incluso las técnicas. La evolución sufrida por el artista va de la mano de la sufrida por el grupo. Muestra de ello sería la obra KKK, totalmente oscura con un empleo de las sombras espeluznante, que nos hace pensar en un rock mucho más hard o incluso dark. Esta obra contrastaría con la más reciente Power Age, un collage en el que el artista emplea fotografía, pintura acrílica y cera. Una obra mucho más luminosa y sencilla en lo visual. Son éstas las referencias a la música del grupo que, aunque se piense en un rock oscuro, puede llevar también a la luminosidad del individuo.

Pero no solo las influencias musicales han hecho mella en el artista ya que, como se puede observar, el mundo del motor en forma de camión está presenta en infinidad de sus obras. La vida en carretera, de ciudad en ciudad, con el grupo simboliza la importancia de las giras en la “american way of life”. Este estilo de vida se ve referenciado además por la presencia del “pollo” o el “aguilucho” en las obras de Abdul Vas.

La instalación principal incluye revistas (tanto en su estado original como modificadas por el artista), así como fundas de vinilos que congenian a la perfección con otras obras del artista, algunas de mediano y pequeño formato. Están también presentes en esta instalación los pósteres que Abdul Vas diseñó en especial para el grupo, un tributo de su amor por AC/DC.

Cierran la muestra Back in Black, un pequeño collage en el que de nuevo nos encontramos con “el pollo”, esta vez disfrazado de negro, con sombrero y fumando un puro. Son claras otra vez las referencias al estilo de vida ya mencionado, incluso como crítica del mismo. Finalmente, frente a la instalación principal con Brian Johnson, un collage en tonos oscuros formado por recortes de fotografías y pequeñas partes acrílicas en las que destaca el verde y azul. Esta obra caracteriza al cantante de AC/CD convirtiéndolo en “un pollo” de increíble fiereza.

Esta exposición muestra la intimidad de una persona, la relación que un artista puede llegar a tener con su mayor admiración o como la música ha ido marcando sus pasos creativos desde la infancia. Un tributo al estilo de vida del grupo, un reflejo de la subjetividad con la que el artista admira y respeta a AC/DC.

Estará en el espacio de Doctor Fourquet hasta el 9 de Enero de 2016. Por su parte, la sede de la galería L21 de Palma de Mallorca ha reformado su espacio y presenta un nuevo proyecto, comisariado por Luis Cabeza. Hot drinks and minimal punk es una muestra en la que participan Rafa Corteza, Bel Fullana, Alejandro Leonhardt, Ian Waelder y, el propio comisario y artista, Luis Cabeza. Se podrá visitar hasta el 29 de febrero de 2016. A continuación, la transcripción del texto que la acompaña firmado por Luis Cabeza.


Hola, soy Luis Cabeza, nací en Palma y tengo miedo de la gente, por eso me escondo tras un heterónimo. No estudié en una escuela de esas que los padres eligen para que sus hijos conozcan a gente importante para su futuro. No me considero artista ni tampoco comisario, pero algo deben haber visto en mi carácter para invitarme a exponer y seleccionar a una serie de artistas representados por la galería para hacer un proyecto. Como no tengo conocimientos relacionados con el mundo del comisariado, me he limitado a seleccionar a los artistas con los que, de una manera u otra, me siento identificado. La galería me ha pedido que escriba un texto que ellos llaman hoja de sala, y por eso escribo estas líneas.

Conocí el trabajo de Rafa Forteza a través de la galería Pelaires, de eso hace ya once años y podríamos decir que fue este artista el que me abrió las puertas de algo que desconocía. Justamente a eso lo llaman arte. Su obra me causó el mismo efecto que cuando encendí un cigarrillo por primera vez, una sensación difícil de explicar. Desde ese momento, mi relación con el mundo del arte se intensificó. Me gusta de Rafa la capacidad que tiene para trabajar de forma incansable día a día. La actitud que demuestra ante su curro. Me fascina la idea del artista en su estudio de lunes a domingo, escuchando música jazz, casi siempre con un puro en la mano, y como es capaz de producir obras que partiendo casi siempre de la misma base, generan resultados distintos. La circularidad en el trabajo del artista ha sido siempre lo más destacable de su pintura. Cuando me veo a mi mismo pintando un círculo siento como si ese gesto no me perteneciera, sino que lo aprendí de Rafa y de alguna manera, hoy forma parte de mi propio lenguaje. Sus trabajos, a veces incodificables, me plantean un sinfín de cuestiones que son indescifrables. ¿Por qué un cuadro empieza de un modo y acaba de otro? ¿Por qué el artista elige un elemento y no otro para crear una escultura? Quizás estas preguntas son las que me unen a su trabajo.

Bel Fullana es un personaje extraño que se oculta tras una alegre sonrisa velada, de alguna forma, por innumerables fantasmas que torpedean su cabeza. La relación que mantiene con ella misma, en la que admite que cualquier tiempo pasado fue mejor, es algo en lo que me podría ver reflejado. Recordar que uno podía ser más libre con una ramita de árbol en la mano tocando las cacas de los perros. ¿Me atrevería hoy a meter un petardo en una de esas heces? Sus dibujos y pinturas no son más que eso: la voluntad de seguir haciendo lo que a uno le da la gana, sin prejuicios ni remordimientos. ¿Quién no le ha tocado alguna vez las tetas a una prima? ¿O ha jugado a médicos con los compañeros de clase? Verse reflejado en el espejo de Bel Fullana es como dar un gran salto hacia atrás y sentirse libre.

Ian Waelder es un chico muy delgado con el pelo rizado que casi siempre lleva una cámara de fotos colgada en el hombro. Él hace fotos. Y esas fotos después las convierte en otras cosas, a veces en esculturas, a veces en papeles deformes, pero siempre con un denominador común: el negro. Sus imágenes nunca me dejan indiferente, siempre veo algo nuevo en su trabajo, siempre me sorprende. Admiro de él la capacidad que tiene de síntesis, de resumir cualquier gesto en uno solo. Me gusta su coherencia. La manera que tiene de hablar de la vida de una forma muy poética, de como las cosas se van gastando, de como las pieles se van arrugando. Y como ha conseguido definirse a sí mismo como artista en tan poco tiempo. Primero jugó al fútbol, luego empezó a patinar, hasta que decidió dedicarse al arte, siempre con talento, siempre indagando, siempre estudiando, siempre al margen de lo establecido. Aprendiendo solo y también aprendiendo acompañado. Me gusta la gente que pide consejo.

Alejandro Leonhardt nació en Chile. Nunca he estado en Chile. No sé como es, pero sí sé como es Alejandro. Alejandro es un artista. Él es un artista. Alguien que es capaz de convertir una ruina, un deshecho, en una maravillosa obra de arte. Admiro de él la capacidad que tiene como recolector. Si separamos los objetos que componen sus obras, veremos que ninguno de ellos, por sí solos, contiene algo especial. Es la suma de estos la que genera la unión del trabajo perfecto. Con Alejandro he aprendido a mirar, a mirar aquello que nadie mira, a apreciar aquello que nadie aprecia. Me ha hecho sentirme si cabe, todavía más libre.

Para mí lo importante del arte es que es una elección, al margen del mercado, la familia, de todo. Cuando uno elige ser artista posiblemente deberá renunciar a muchas cosas. Y deberá aprender a trabajar solo, sin apoyos, sin ayudas. Deberá aprender a trabajar para sí mismo, para verse reflejado siempre en su trabajo. Vamos…una bendita tortura. Ellos quizás sean los únicos que son verdaderamente libres. Y esa libertad es la que nos ayuda a entendernos a nosotros mismos. Gracias a ellos hemos dejado de vivir en una cueva. También puede que por su culpa el mundo ha llegado donde está ahora. En un momento extraño, en el que todo se comparte a través de las redes sociales, y en el que de cada vez nos sentimos más solos y menos libres y más atados a cualquier cosa que tenga que ver con el dinero. Es por eso por lo que admiro a los artistas. Y por esta razón yo nunca me atrevería a llamarme a mí mismo bombero.

Luis Cabeza

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