Segmentos de un imaginario

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Entrar en la galería Espacio Olvera del 4 de julio al 14 de septiembre [2019] hace nos encontremos la exposición “Dios le bendiga por caballero”. Llamativo nos resulta el encontrar una única pieza colgada. Más aún el ver cómo a la misma le faltan fragmentos de diverso tamaño, cortado por lo que pareciesen ser una serie de patrones muy bien determinados. Y es que Este terreno no se vende, de Mariajosé Gallardo [Villafranca de los Barros, Badajoz, 1978], presenta un acercamiento radicalmente distinto a la común manera de apreciar la creación artística.

El proyecto en sí da una nueva vida a la relación de la misma con el espectador; el simple hecho de poder elegir los marcos –las medidas- para seleccionar una parte, implica una decisión activa a la hora de elegir la obra. No solo el elemento de la transacción, sino aquella parte de la pieza que llevar a su hogar. De esta manera, la artista expone un amplio abanico de su pintura [de las calidades técnica y matérica tan buscadas por ella] a disposición del visitante, quien elegirá en función de sus gustos. En los 6 metros de largo y 2 metros de alto de Este terreno no se vende,  podemos ver una superposición de cuadros perfectamente entendibles de manera independiente, configurándose así como una gigantesca yuxtaposición de elementos comunes cuya autonomía permite a la perfección el funcionar juntos o por separado. No se exige un criterio más que el propio, no se impone una decisión como tal. Pura democratización a la hora de decidir con qué quedarnos.

La compleja configuración de la pieza, hace pensar en las distintas formas de acerarnos a ella; podemos entenderla como un [gigantesco] conjunto, o por el contrario con esa autonomía individual, inherente a cada una de las partes que la componen. En este momento, la temática sale a la luz. Si bien esta pudiera resultar ‘secundaria’ en la obra de Mariajosé, para nosotros son un elemento valioso: permiten acercamiento y dar nueva vida a la misma. Quizá aquel mono esté tematizado con el tucán. Tal vez veamos una conexión entre los elementos de juguetes y los cuervos. Podemos pensar que ese gato se siente acompañado por los murciélagos. A lo mejor prefiere estar solo.

Este Paraíso terrenal, este Jardín de las Delicias, no guarda en sí esa fuerte carga tematizada para instar al espectador a devanarse los sesos en una suerte de enrevesado discurso. La misma artista plantea el exceso de ornamentación en materia pictórica como excesiva teorización. Una no tan afortunada carga  conceptual en torno a creaciones con una pretensión puramente distópica a la planteada desde las letras. La importancia reside en la mano, elemento creador, y en el ojo, para deleitarnos.

Presentación, puesta en escena, calidad y cualidad. Todos estos elementos confluyen en Este terreno no se vende para crear una obra llamativa, cautivadora, cuya transformación depende del ojo de quien la ve. Revitaliza el protagonismo del espectador que, gracias a ella, crea su propio imaginario.

Fernando Sánchez Morote
fernando.sanchez.morote@gmail.com

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