Shifting volume | Valerie Krause

Valerie Krause (Herdecke, Alemania, 1976) trabaja las relaciones que se establecen entre la escultura y el espectador dentro de un contexto expositivo. Su primera exposición individual en España, ‘Shifting volume‘, se centra en el cambio de dimensiones, de posición y de lugar de aquellos volúmenes que sus esculturas van generando. Su apariencia minimalista deja muy pronto espacio a una dimensión emotiva, un equilibrio inestable entre lo material y lo posible, o bien entre lo que vemos y lo que podemos llegar a percibir. Su trabajo hace hincapié en los volúmenes y en el dinamismo que albergan los cuerpos sólidos.

Valerie Krause L21

Las esculturas y las fotografías de Valerie Krause giran alrededor de formulaciones espaciales que configuran un ambiente liviano y a la vez contundente. Sus obras se relacionan tanto con el espacio urbano como con formas próximas a la naturaleza sin que sea posible reducirlas dentro los cauces estancados de la dicotomía cultura-naturaleza. Para su exposición en la galería L 21 de Madrid, Krause presenta tres nuevas esculturas realizadas específicamente para esta ocasión.

Una primera escultura cuelga en el pequeño escaparate que da a la calle, el espacio The Window de la galería. Una vez en la galería, el espectador encuentra dos obras, opuestas pero complementarias, que estructuran el espacio modificándolo.

Sus esculturas adoptan formas desplazadas que requieren de una atención flotante por parte del espectador para que se entretenga y disfrute de este columpio cuidadosamente organizado. Los juegos de luz y sombras que Krause traduce a las tres dimensiones ponen en entredicho aquella maliciosa frase que Dalí pronunció refiriéndose a los móviles de Calder: “Lo menos que se puede esperar de una escultura es que no se mueva”.

Las obras de la artista son elementos concentrados e intensos. Esculturas orgánicas organizadas a través de un lento proceso de depuración que no evaden del todo aquellas estructuras que han dado comienzo al proceso de creación. Movimientos continuos que alcanzan un equilibrio entre los acentos y las pausas, como en un baile largamente ensayado estas esculturas dibujan una geometría abstracta para repensar el espacio donde el espectador es invitado a deambular.

Son obras que rechazan con contundencia un acabado que las cristalice en una forma definitiva. Las obras de esta exposición permanecen silenciosas en un terreno abierto que rechaza cualquier referencia al mundo que nos rodea para abrirse paso dentro de otro donde podemos pasear nuestra imaginación. Su claridad estructural permanece en una zona de tensión compleja que no puede reducirse ni encontrar un punto final, ya que si no es posible definir una emoción, solo podemos aspirar a tener empatía con un cierto sentimiento. Y no es poco.

Hasta el 25 de julio

 

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