Revista digital de arte contemporáneo

Specchio Paulo Reis

"en #Arte en Galicia/Exposiciones"

Specchio Paulo Reis
Hasta el 14 de mayo de 2017
DIDAC


Specchio Paulo Reis es una muestra que quiere significarse como un número cero o punto de partida capaz de proyectar dos de las señas de identidad fundamentales para DIDAC: por un lado, su proximidad y complicidad con el contexto portugués y brasileño; y por otro, su intención de trabajar con el espíritu y actitud de Paulo Reis, que agradecía así por carta a David Barro -comisario de esta exposición- su participación en un encuentro en Río de Janeiro, donde se conocieron: “En el balance de las actividades, de los encuentros personales y artísticos, de los puentes futuros y de las muchas sonrisas despertadas, creo que conquisté el gran objetivo que no era otro que aproximar a personas que admiro por su trabajo, por su carácter y por pensar que pueden nacer proyectos de interés común. Estimo que es en el terreno de la afectividad, ya sea artística o humana, que estos puentes se construyen. Solamente en el pilar de la afectividad se puede sustentar ese puente”.

En la última gran exposición que realizó como comisario, Paulo Reis tomó como faro el libro de Michel Maffesoli A Contemplação do mundo, donde el sueño y el pensamiento están estrechamente ligados. Paulo Reis siempre reivindicó la posibilidad de soñar porque entendía que el espacio del sueño era el espacio del arte, un lugar donde el artista se sueña a sí mismo, un lugar para imaginar, para dar rienda suelta a las utopías con la intención de transformar la realidad.

El conjunto de artistas de Specchio Paulo Reis están próximos a esas premisas: Albano Alfonso (São Paulo, 1964) y sus juegos de sombras, en este caso a partir de una relación de dependencia entre las fuerzas de la naturaleza, los objetos y el hombre, nos recuerda que todo se mantiene en pie si la convivencia se da en perfecto equilibrio, generando una extraña situación especular; lo mismo podríamos pensar ante la escultura de José Pedro Croft (Oporto, 1957), donde se reafirma la idea de lugar y una tensión intersticial propia de las miradas que buscan el margen, los límites. Se trata de dinamizar la forma y el espacio, que se ordenan en su desorden, creando desequilibrios que acaban por salirse fuera del campo de visión. Ese juego de elementos dependientes los unos de los otros, se da también en la obra de Iran do Espírito Santo (Mococa, SP, 1963), preocupado de trabajar la ambigüedad resultante de proyectar representaciones ideales de determinados objetos cotidianos. Iran realiza una profunda investigación estética que busca la belleza en un equilibrio de formas y dimensiones de suave ironía, del mismo modo en que Fernanda Gomes (Río de Janeiro, 1960) procura la belleza desde lo precario y delicado, seleccionando en este caso materiales excluidos, desechos, restos o fragmentos del consumo, a los que les otorga la condición de artísticos.

Los dibujos de la serie Mothers que presenta Sandra Cinto (Santo André, 1968), son los primeros que esta artista realiza con color rojo. Si en anteriores trabajos, con el azul como color predominante, convocaba lo político desde lo poético, esa confrontación entre la seducción y la tragedia, entre la atracción abismal de la belleza y la desgarradora conciencia de las heridas del viaje, se torna ahora más directa, con un paisaje que se deshace y precipita, que sangra hasta sumergirse en el caos. En estos dibujos todo tiende a escaparse, como una cabeza sin rostro que describe a partir de una belleza indecible hasta qué punto somos violentos con nuestro propio mundo. También en Rui Chafes (Lisboa, 1966) hay un sentimiento agudo de fugacidad y de desaparición. Así, sus esculturas se resuelven silenciosas y severas, traduciéndose como abismo de un acontecimiento de resistencia y recogimiento, en una ascética reafirmación del origen y de la herida.

Cildo Meireles (Río de Janeiro, 1948) refleja con su obra Camelô, la batalla desigual de la poesía con la industria. Esta obra remite a los recuerdos de la infancia del artista, cuando le resultaba incomprensible y al mismo tiempo seductor y extraño, que algunos vendedores ambulantes pudiesen vivir vendiendo objetos tan insignificantes. En línea con sus conocidas Inserciones en Circuitos Ideológicos, donde buscaba la participación del público, sus Camelôs son un trabajo múltiple que consiste en una edición de 1.000 pequeños muñecos motorizados que tienen delante de sí dos mesas semejantes a las de los vendedores ambulantes, que venden cosas ínfimas, como alfileres, en lo que él mismo ha denominado como humiliminimalismo. También Ernesto Neto (Río de Janeiro, 1964) practica una escultura de consistencia blanda y materiales humildes, como en este caso unas medias que actúan como piel. Obras como Elas em transe, fusionan conceptos biológicos, físicos y espaciales y más que ocupar el espacio, modifican su sentido al dialogar con la arquitectura y el contexto de una forma poética y rítmica. Estas características son ya propias del movimiento neoconcreto brasileño, donde la obra no se limitaba a ocupar un lugar, sino que lo trasciende al fundar en él un nuevo significado. Dentro de ese grupo estaba la artista Lygia Pape (Nova Friburgo, 1927-Río de Janeiro, 2004), conocida por sus sutiles Ttéias y Tecelares, de bella poesía y muy experimentales, como sus performances o experiencias cinematográficas, capaces de desdoblarse desde la fragilidad de sus líneas, como este dibujo titulado Specchio, capaz de introducirnos en otra realidad, en la misma realidad desdoblada.

Todas estas obras invitan a perderse en la belleza de lo inconmensurable. También los trabajos de Rui Calçada Bastos (Lisboa, 1971) están marcados por una intensidad enigmática, en este caso a partir de una fotografía donde la intensidad de la distancia contrasta con lo reducido de su escala. En sus últimos trabajos, Rui Calçada Bastos muestra su relación con el mundo, con sus viajes, con lo vivido; son fragmentos de lo cotidiano que aquí ganan el peso de un testimonio íntimo. También en lo cotidiano debemos situar los trabajos de Nelson Leirner (São Paulo, 1932) y de José Bechara (Río de Janeiro, 1957). En el primer caso, a partir de comentarios irónicos acerca del sistema del arte, procurando desde los años sesenta popularizando el objeto de arte para introducir la participación del público o, como en este caso con referencias humorísticas a la historia del arte y el mercado. Mientras, José Bechara presenta aquí uno de sus trabajos pictóricos más conocidos, realizados a partir de explorar un proceso donde en lugar de pigmentos utiliza la oxidación provocada por lanas de acero en la tela. Para ello utiliza viejas lonas usadas de camiones que incorporan ya otro tiempo en su superficie. Bechara incorpora así evidencias de lo accidental y lo aleatorio, usando además piel bovina con sus respectivas marcas que introduce creando una relación entre la vida, la muerte y la propia obra.

Por último, el artista gallego Carlos Maciá, realizó una obra site-specific en los cristales del segundo piso de DIDAC, intervención que se quedará de manera permanente dialogando entre el interior y el exterior del espacio de trabajo de DIDAC. En línea con su trabajo pictórico, en muchos casos imposible de abarcar en una sola mirada, Maciá interviene ambas caras del cristal con colores diferentes generando sensaciones encontradas que alteran el espacio al tiempo que amplifican las posibilidades de la pintura.
Todos estos artistas acompañaron de una u otra manera el camino de Paulo Reis y de DARDO, y aun siendo trabajos que se formalizan de maneras muy diferentes, todos ellos proyectan obras donde lo visual, lo táctil y lo rítmico se asumen como vivencia clave a la hora de dar forma y sentido a ese trabajo. Así, lo sensorial, lo poético, lo cotidiano y lo político son claves compartidas que, al mismo tiempo, definen unas líneas de actuación para DIDAC.

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