Una crónica de la Bienal de Venecia

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Una crónica de la Bienal de Venecia
Eduardo Fernández | 29 de septiembre 2015


Una pálida luz verde emergía del pabellón suizo a plena luz del día. Es la pieza de Pamela Rosenkranz, Our product. Unos focos verdes iluminan la primera estancia, con una arquitectura vacía que pasa desapercibida. Al adentrarnos por un largo pasillo, la tonalidad verde se transforma en rojiza, y descubrimos que la artista ha aislado el interior y lo ha llenado con miles de litros de un líquido rosáceo. El olor se sentía desde fuera, una fragancia cálida y húmeda, con mucha personalidad. Me resulta conocid… ¡No, espera! Al contrario… es un olor más bien sintético e impersonal. El olfato es el sentido más desarrollado en el cerebro, pero hemos aprendido a reprimirlo desde la infancia para no volvernos completamente locos. Los dos juegos entre el verde y el rojo componen una tonalidad extraña, una combinación inusual en la naturaleza. La obra tiene, de hecho, más que ver con las sensaciones que con el relato pseudocientífico que la envuelve. No está a la altura de las circunstancias. Es claramente una pieza que está fuera de lugar.

Pamela Rosenkranz, Our Product, Pabellón de Suiza.
Pamela Rosenkranz, Our Product, Pabellón de Suiza

El color de la piel europea; un tono exacto de piel que se ha utilizado desde el renacimiento en toda la pintura manierista y que responde a cuestiones culturales, gastronómicas y a una exposición a la luz, es uno de los puntos de partida para Our product. La obra estructura una poética sobre la evaporación de la identidad biológica eurocéntrica. Estos colores, son unos patrones que indican la dudosa separación entre naturaleza y ser humano, especialmente cuestionable gracias a la biotecnología.

Venecia, uno de los enclaves del capitalismo primerizo, puerta intermedia entre Oriente y Occidente, es una ciudad atemporal que ya no pertenece a ninguna época. Es una ciudad que no envejece aunque está a punto de caerse a pedazos. Igual que esos amigos por los que no pasan los años y siempre parecen jóvenes; tienen un pacto con el diablo y conocen el secreto de la eterna juventud. Claro que tampoco son más inteligentes ni parecen progresar.

Articulada en esta edición sobre una re-lectura de El capital de Karl Marx, la Bienal de Venecia se centra en una serie de contenidos basados en teoría postmoderna muy jugosa. All the world´s futures (Todos los futuros del mundo) parte de grandes hitos del universo de la teoría del arte, con referencias a los intelectuales y filósofos de vanguardia. Lugares que ya podríamos calificar de comunes, y que son ilustrados con propuestas culturales de la escena internacional. Un amplio proyecto con inquietudes casi parlamentarias de otorgar voz y presencia a 89 países, con pabellones internacionales, así como numerosos eventos colaterales por toda la ciudad.

El Capital de Marx será leído durante toda la Bienal en el Arena, uno de los espacios más interesantes del conjunto expositivo que está ubicado en el centro de los Giardini, y donde tienen lugar diferentes performances, lecturas y eventos interdisciplinares. Esta es una de las propuestas estrella de la Bienal, haciendo de lo performativo y lo literario bases de la exposición.

El espacio Arena destinado a performances y lecturas colectivas
El espacio Arena destinado a performances y lecturas colectivas

Hay unos temas firmemente presentes en la bienal. Resumámoslos de forma simplista como lo haría un becario de periodismo subrayando en fosforito las noticias destacadas que harán sorprenderse a los ingenuos. La memoria histórica, las propuestas de carácter político y social, la tecnología desde una perspectiva biológica, la naturaleza romántica -¡por supuesto! – y no olvidemos proyectos filosóficos, poéticos y económicos que aúnan en un esfuerzo común, el verdadero Zeitgeist de nuestro tiempo. Es una bienal que investiga con bastante rigor las inquietudes de hoy en día sin perderse en demasiados efectismos.

Letra F de Recycle Group en una de las iglesias participantes en la bienal
Letra F de Recycle Group en una de las iglesias participantes en la bienal

El debate que siempre creo conveniente extrapolar cuando visito eventos estrella como este, es la significante figura del artista en contraposición a la universalidad de los proyectos. Las propuestas que se quedan en formatos pictóricos, escultóricos o instalativos… en fin, llamémoslas “piezas rígidas” dentro de una metodología conocida; son obras que fácilmente podríamos tachar de formalistas, encorsetadas en tradiciones materialistas. Dentro la dinámica de la bienal, donde es fácil hacer odiosas comparaciones, las iniciativas que buscan la inteligencia colectiva son las que parecen tener realmente algo que aportar. ¿Hasta qué punto el culto a la personalidad del creador desvirtúa el propósito general del arte? Muchos artistas han solventado esto sintetizando procesos simbólicos de causas relevantes en su trabajo. Perdón, estoy siendo un ventajista. La cuestión de si el arte puede cambiar el mundo se derrite entre los vapores abrasadores y la humedad de los canales venecianos.

  • EL PABELLÓN DE ESPAÑA

El pabellón de España. Ladrillos y Queer
El pabellón de España. Ladrillos y Queer

El pabellón de España ha despertado grandes críticas en esta edición. La razón es la presencia de Dalí como figura central. Pero contengámonos y no nos dejemos llevar. La propuesta comisarial es atrevida y busca indagar más allá de la imagen típica del pintor surrealista. Dalí vivía en una performance permanente que ya forma parte del ideario colectivo. Esto le permitió al artista llevar una vida pública insólita durante el franquismo. A la generación Facebook toda esa época nos parece un nicho de colores sepia y no valoramos ningún aporte generacionalmente valioso anterior a 1978. Por lo que a mí respecta Dalí se aventuró a ser el precedente de una generación presuntuosa y fascinada por su imagen. Soy incapaz de distinguir si su genialidad era estar adelantado a su tiempo o vivir atrapado en el pasado.

Junto a otros artistas contemporáneos, la obra de Dalí cobra un significado y unas influencias más definidas, hasta podría decirse que legítimas. Esta actualización deja fuera de juego a su pintura, que siempre fue sospechosa de ser un pretexto. Las tres cosas más decepcionantes de la Historia del arte oficial son: lo pobre que resulta el Guggenheim de Nueva York, el minúsculo tamaño de La Gioconda, y la decepcionante experiencia pictórica de ver un cuadro de Dalí. Estamos muy cansados de escuchar que la mejor obra de Dalí era él mismo, pero nunca mejor dicho.

Lo mejor del pabellón de España es, la tesis que insinúan Cabello/Carceller de plantear el Drag como alternativa política. Esto es un verdadero acierto del pabellón de España que nadie más ha tocado en la Bienal. Durante la administración Zapatero, la igualdad de género fue uno de los logros desbloqueados por el estado español como marca propia, siendo un referente internacional en libertades sexuales. Las teorías feministas del siglo pasado prosperaron y trascendieron en las superestructuras. A través de una vertiente intelectual y teórica, se pueden ubicar las cuestiones de género como un grado político, siendo estas totalmente proporcionales a la educación social.

La identidad sexual se piensa, se desarrolla y se conoce a si misma a través de la praxis. El tercer sexo necesita conocer y manifestar sus emociones para hacerlas reales. Pero no todo son flores.

Los esquimales distinguen cincuenta tipos de nieve, en Galego hay cincuenta palabras para describir la lluvia, nosotros distinguimos cincuenta marcas de coches, cincuenta marcas de refrescos y cincuenta tiendas de ropa, ¿por qué solo hay dos tipos de género? Esto evidencia las limitaciones de la libertad sexual. A la pregunta: “¿No tienes pareja de baile?”, la heteronormativa occidental responde toscamente: “Pues sal de compras”.

Para entender estas relaciones entre Dalí, la identidad sexual y nuestro país, no se me ocurre nada mejor que el chiste del chico que sale del armario:

-Papá, soy gay-, dice el hijo adolescente a su padre. -¿Eres gay? A ver, espera un momento… ¿tienes tarjeta de crédito?- , pregunta el padre socarrón. -No-, contesta el chaval. -¿Viajas al extranjero al menos una vez al año y hablas inglés con fluidez? -Tampoco-, contesta el hijo. -¿Estás saliendo con algún ejecutivo, o alguien que te mantenga? , pregunta el padre por última vez. -No-, contesta de nuevo. -¡Ah bueno!, ¡entonces no eres gay, solo otro mar*cón más!

Este desafortunado chiste ilustra como la cuestión de la identidad depende más de una cuestión de clase social y recursos que de educación o amplitud de mente. Sabemos que la intolerancia, el sexismo o la homofobia son prácticas abusivas que en muchos casos no pasan por el aro si la víctima dispone de un simbólico capital social. Y esta es precisamente la situación de Dalí en la España franquista, la de un aristócrata francófilo que supo hacerse respetar en una corte de ideologías liquidas donde, por dar coba y figurar, hasta el mismísimo caudillo estaría dispuesto a dar su brazo a torcer. Por segunda vez, la heteronormativa es muy clara: si vas a ser distinto, más te vale tener dinero.

Detalle de la obra de Cabello/Carceller en el pabellón de España
Detalle de la obra de Cabello/Carceller en el pabellón de España
  • 10 PUNTOS CLAVE DE LA BIENAL

  1. El Arena, centro de la bienal. La performance, la lectura y las conferencias como procesos imprescindibles.
  2. El pabellón de Polonia y su proyecto inspirado en la ambición delirante de Herzog Fitzcarraldo de construir una Ópera en Haití. Los artistas representan la obra Halka de Stanislaw Moniuszko, uno de los emblemas nacionales, en un pueblo habitado por descendientes de soldados Polacos que lucharon por la independencia de Haití. Deliciosamente tropical.
  3. La aparente falta de memoria histórica de muchos de los países participantes solo pone en relieve la incapacidad de indagar en una identidad honesta. Afrontar el pasado es un ejercicio muy costoso para algunos.
  4. Japón con una poética tan íntima. Siempre he creído que la dignidad de los materiales a la hora de hacer una instalación juega un papel determinante. Pero aquí el hilo funciona.
    The key in the hand, Chiharu Shiota. Pabellón de japonés
    The key in the hand, Chiharu Shiota. Pabellón de japonés
  5. El exceso de componentes electrónicos. Está claro, algunos organizadores han creído que invertir en tecnología para medio artísticos es una finalidad en sí. Tecno horror vacui , un uso a la ligera de pantallas, leds y proyectores que indican dependencia por el formato.
  6. La fuerte presencia de la literatura en toda la bienal. La lectura es el vehículo del arte.
  7. Bélgica y su inteligente revisión de la época colonial.
  8. El oasis en mitad del desierto que es el pabellón de Francia. Iba siendo hora de que algún artista se diese cuenta de la maratón que supone al espectador estar horas recorriendo la bienal. Las esquinas del pabellón estaban llenas de una gomaespuma ideal para tumbarse
  9. La escena africana, oriental, latinoamericana y de oriente medio representada en las exposiciones. Una constelación de la geografía mundial. La bienal mira hacia fuera. Como la pieza del Instituto Italo-Americano que recoge las voces de idiomas indígenas americanos y las reproduce a la vez en un enorme espacio industrial.
  10. La relectura de la obra de Karl Marx es desconcertante. De la misma forma que el reciente libro del economista francés Thomas Piketty ha reactivado la búsqueda de alternativas intelectuales al sistema de producción capitalista, el fantasma que recorre Europa hoy es un reciclado de ideas residuales. ¿Estamos estancados buscando desesperadamente nuevos ideales repitiendo viejas fórmulas?
Waiting for someone, del artista João Louro en el pabellón de Portugal
Waiting for someone, del artista João Louro en el pabellón de Portugal
  • BONUS TRACK

Communist Art is double shit
Communist Art is double shit

Esta foto es de los baños de la bienal. Art is shit es un clásico de la filosofía punk que Piero Manzoni ya supo explotar con sus latas de “Mierda de artista”; pero el que escribió Communist art is double shit, lo llevó al next level. Además la elección del lugar para articular esta crítica es del todo oportuno; aprovechar la visita al baño como oportunidad para reflexionar sobre contingencias y paradigmas.

Con esto ponemos punto final: todos hemos pensado que el arte es una mierda, pero si el arte comunista es una “doble” mierda, es porque a través de doctrinas y postulados cómo el marxismo podemos extraer mayor cantidad de las cosas, aunque sea más mierda.

 

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